
Torreón, Coahuila.–
Entre el 15 y el 19 de septiembre, se reportó el fallecimiento de cinco recién nacidos en el hospital General de Zona número 1 de Durango capital, donde los pequeños permanecían en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, donde las primeras indagatorias apuntan hacia una bacteria, aunque la investigación continúa en curso.
Y es que, al parecer, las autoridades del nosocomio al principio trataron de ocultar la información y manejar el asunto de manera interna, pero ante la contundencia y la gravedad de los hechos la noticia se hizo pública y corrió como reguero de pólvora hasta volverse un caso de interés nacional, debido a la tragedia que viven cinco familias que perdieron a sus hijos en un lugar donde, se supone, deberían estar seguros.
Lamentablemente, el caso de los cinco pequeños que perdieron la vida solo es la punta del iceberg de un sistema de salud mexicano rebasado por los requerimientos de sus derechohabientes, y que un día sí y otro también, demuestra que se sigue quedando rezagado en ofrecer servicios médicos de calidad a los trabajadores mexicanos y sus familias, muy alejado de aquel sistema sanitario de primer mundo que alguna vez el actual régimen en el gobierno prometió cuando llegaron al poder.
La institución señaló a través de un comunicado que “… se identificó una bacteria sensible a los antibióticos de uso habitual a los antibióticos de uso habitual disponibles en el hospital. Sin embargo, con la información disponible, su presencia no explica por sí sola los fallecimientos”. Y añadió que, durante la última semana, no se han registrado más pacientes sospechosos.
Sin embargo, el daño está hecho y, como siempre, se toman las medidas necesarias hasta después de que la tragedia sucedió. Y es que la pésima imagen del IMSS como una institución que poco o nada resuelve en temas de salud está bien ganada. Durante décadas, esa imagen de ineficiencia y de malos tratos se la han ganado con creces.
Y es que con el IMSS es una tras otra. Basta recordar que hace un par de semanas en Veracruz, el delegado del IMSS Bienestar en ese estado, Roberto Ramos Alor, fue severamente criticado cuando salió a la luz pública el video de una reunión con médicos que le reclamaban por la falta de insumos para desarrollar su trabajo, entre ellas cirugías de pacientes que esperaban el suministro de lo necesario para ser intervenido, por lo que una de las medicas presentes le reclama al funcionario: “yo no le puedo decir a mi paciente que se espere dos semanas a que lleguen los suministro para operarlo”. Ramos Alor, engrandecido y soberbio, solamente se limitó a responder: “si no quiere operar no opere”.
La noticia fue un escándalo a nivel nacional, al evidenciar las precarias condiciones en las que laboran los médicos del IMSS, y el suplicio que atraviesan derechohabientes que tienen que esperar semanas o meses por una intervención para recuperar su salud y, en algunos casos, para no perder la vida. Sin embargo, y a pesar de la presión pública, Roberto Ramos Alor sigue en su puesto, impune y soberbio, protegido por el sistema, aunque deslegitimizado ante el gremio que le toca dirigir.
Y en nuestro estado la situación no es mejor, pues es de conocimiento público que trabadores del sistema sanitario del IMSS Coahuila laboran desde hace años en la incertidumbre laboral. Ante esa situación, un grupo de trabajadores del seguro social en Matamoros, señalaron irregularidades en la asignación de plazas pese a que tienen años laborando en la institución.
De acuerdo con los manifestantes, bajo el argumento de no cumplir con la antigüedad requerida, han sido desplazados de las listas para ocupar algunas de las plazas disponibles, pese a que, algunos de ellos, comenzaron a prestar sus servicios desde antes de la pandemia por el COVID 19. Con esto, explican, es imposible que puedan generar la antigüedad necesaria para aspirar a una base.
Y aunque los afectados están en su legítimo derecho de manifestarse, quienes finalmente resultan afectados con los pacientes, que no importa el estado del que se trate, deben padecer una institución que, lejos de convertirse en un sistema de salud de primer mundo, como alguna vez prometieron, se ha quedado atrapada en el tiempo y se ha convertido en una institución anacrónica, ineficiente, corrupta y carente de sentido humano.
