La ciudad de Torreón, Coahuila, cumplirá 119 años como ciudad este 15 de septiembre de 2026 ya que fue elevada a esta categoría en 1907.
Ante esa realidad seguramente los torreonenses, el cabildo y los organismos sociales realizarán actividades para conmemorar el 119 aniversario.
Por otro lado hay quienes piensan que la ciudad de Torreón no ha llegado a lograr el desarrollo y progreso a que tiene derecho si sus habitantes mostraran más amor por la ciudad.
Entre los ciudadanos frustrados por la situación actual de su municipio recuerda la canción: "Lamento borincano", es una famosa canción compuesta en 1929 por el músico puertorriqueño Rafael Hernández Marín que expresa el dolor, la pobreza y la frustración del campesino y también refleja la crisis económica y la precariedad de la época de la Gran Depresión, convirtiéndose en un símbolo de identidad y en un himno de lucha para el pueblo puertorriqueño.
Hoy le encuentran parecido a ese "lamento" con los días que viven los habitantes y la propia ciudad de Torreón, manifestando su dolor y abriendo la puerta a la esperanza de que un día la ciudad alcance el esplendor que le corresponde. También Piensan en la canción: "No llores por mi Argentina". En seguida la oración:
Me dueles, Torreón… al ver cómo se apagan, uno a uno, los hombres y mujeres que te tejió de grandeza. Y en su lugar brotan sombras, caricaturas de seres huecos, cimentados solo en la codicia y el hedonismo.
Me duele, Torreón… al ver cómo desgarran tu belleza y la cubren con mamarrachos de concreto y colores que desafían tu estirpe, que afrentan y retan la estética y tu esencia.
Me duele, Torreón… al ver que la bravura de los jóvenes de antaño se desvanece, reemplazada por almas apresuradas, atrapadas en pantallas que les marchitan la capacidad de soñar en grande.
Me duele, Torreón… ver ese oasis que labró la naturaleza y ensancharon los visionarios del siglo XIX, hoy se lo devora la indolencia, no hay espacio para llenarte de árboles y jardínes, la ingratitud lo convierte en erial, y tu vergel se vuelve polvo.
Me duele, Torreón… ver que tus plazas, refugio de encuentros, hoy son abandono; tus espacios públicos, antes alma de la comunidad, ahora son rincón de desperdicios y olvido.
Me duele, Torreón… ver que el desorden y el caos te gobiernan, se instalan en tu cuerpo, te anquilosan, te hacen sufrir, y te arrastran sin rumbo.
Me duele, Torreón…ver qué para muchos eres un botín y extraen la riqueza de tus entrañas y aprovechan el don de tu ubicación para amasar fortunas, y a cambio te devuelven desprecio, indiferencia… como si fueras algo desechable.
Me duele, Torreón… ver que no saben agradecer el abrigo maternal con que cobijas a tus hijos, y tú, que todo lo das, ahora cosechas rostros de reproche, palabras de insulto.
Me dueles, Torreón… ver que nadie cura tus heridas; nadie se detiene a cuidar tu salud, tu crecimiento, tu destino.
Me duele, Torreón… ver que te visten de basura; tus calles, tus venas y arterias, llevan cicatrices, golpes, letreros que te ofenden en cada esquina, en cada bulevar, en cada salida y entrada a tu abrazo.
Me duele, Torreón… ver que se van los que recibieron tu mayor amor; te abandonan, te humillan, y construyen su hogar en tierras extranjeras.
Me duele, Torreón… ver que sólo te recuerdan en fechas señaladas, y el resto del año eres… nada, un desecho que se usa y se olvida.
Me duele, Torreón… ver que en tu cielo, antes azul, hoy cruzan más cuervos que palomas, que canarios y que cenzontles, porque la alegría emigró.
Me duele, Torreón… ver que son pocos los que sienten tu dolor; en cambio te usan, te agotan, te esquilman sin importarles cuánto te hieren.
Me duele, Torreón… ver como secan los ríos que eran tu savia, y por si fuera poco, envenenan tus aguas, haciendo difícil el vivir, convirtiendo tu paraíso en tierra estéril.
Me duele, Torreón… porque casi nadie desea y otros han renunciado a que alcances ese porvenir esplendoroso al que tu espíritu está llamado.
Me duele, Torreón al ver que no hay quien empuñe la bandera de la dignidad, de la justicia, de la grandeza para tí, y si veo muchos tibios y cobardes escondidos en las faldas de la avaricia, la lujuria, la cobardía y la necedad.
Me dueles Torreón. Ay de mi, de los míos y de mi país. Aún así, confío en que vendrán generaciones con temple humilde, honesto, altruista y soñador y entonces lograrás tu esplendor. Autor: Anónimo.
Usted, estimado lector de Torreón y de otros municipios y de estados de México, dicen la última palabra.
