
La política exterior no se mide en millas viajadas, sino en costos evitados. Y Claudia Sheinbaum acaba de comprar el boleto más caro: el de no ir.
No ir a la ONU parece, a primera vista, un gesto de continuidad obradorista. AMLO nunca fue. Sheinbaum tampoco fue en 2025 y tampoco en 2026. Ahorro de avión presidencial, discurso de austeridad, enfoque en lo interno. Todo muy coherente.
Pero esta vez no era cualquier Asamblea. Era la Asamblea del misil.
Donald Trump eligió esa tribuna, con 193 banderas detrás, para clavar la frase que marcará la relación bilateral los próximos dos años: *“México es el epicentro de la violencia de los cárteles”.*
Y cuando el presidente de Estados Unidos te declara epicentro frente al mundo, no mandar presidenta es mandar un mensaje: tenemos miedo de contestar.
Aquí están los 5 costos políticos que ya está pagando:
1. El costo con Washington: le regaló la narrativa.
En diplomacia, el que no está, pierde. Al no estar Sheinbaum, no hubo derecho de réplica, no hubo lobby latino, no hubo foto con Guterres. Solo quedó la acusación de Trump en los teleprompters de CNN y Fox. Velasco, su canciller, estaba en una mesa paralela sobre derechos LGBT. Importante, sí, pero no es donde se juega la relación México-EE.UU.
2. El costo interno: se vio pequeña.
En México gustó su frase irónica de “yo podría decir que es difícil vivir junto a un país que consume tanta droga... pero no lo voy a decir”. A su base le encanta el “Cooperación sí, sumisión no”. Pero al mexicano promedio que sufre la extorsión, el cobro de piso y el fentanilo en la colonia, no le sirve una presidenta que responde con sarcasmo desde Palacio. Quiere una presidenta que defienda el nombre del país en la cancha donde lo atacan.
3. El costo con la oposición y la prensa internacional.
The New York Times, El País y Reforma titularon lo mismo: “Sheinbaum evita la ONU mientras Trump ataca”. La oposición ya tiene el frame perfecto: “una presidenta que se esconde”. No importa si es verdad. Importa que funciona. Y en 2027, con elecciones intermedias, ese frame va a doler.
4. El costo del discurso de la droga.
Al culpar a http://EE.UU. por su consumo, Sheinbaum revivió el viejo argumento de “la culpa es de los gringos adictos”. Es un argumento popular, pero peligroso. Porque si la lógica es que sin demanda no hay oferta, entonces México admite que sí es la oferta. Y si eres la oferta mundial de fentanilo, no eres víctima, eres proveedor. Washington tomó nota de esa confesión involuntaria.
5. El costo más grande: la irrelevancia.
La ONU ya no es lo que era, pero sigue siendo el único lugar donde un presidente de un país medio puede verse grande. Lula lo entendió. Fue y se plantó. Sheinbaum decidió que era “no era el momento”. Y al decir eso, dijo implícitamente que México no tiene nada que decir sobre Gaza, Ucrania, el narco o el clima.
Ese es el costo final. Cuando dejas la silla vacía dos años seguidos, al tercer año nadie te extraña. Te olvidan.
Sheinbaum sí irá a la APEC en China en noviembre, porque ahí sí hay foto económica y estafeta para 2028. Irá a donde hay comercio, no a donde hay conflicto.
El problema es que el conflicto ya vino a buscarnos, con o sin boleto a Nueva York.
