La reducción de la jornada laboral obligará a transformar procesos, desarrollar talento y elevar la productividad para sostener los resultados.
POR DR. JUAN MANUEL ESQUIVEL RUEDA
Consultor senior en estrategia, productividad y desarrollo organizacional
La reducción gradual de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales representa uno de los cambios más relevantes para las empresas mexicanas en los últimos años. La reforma contempla una implementación progresiva entre 2027 y 2030, con una disminución de dos horas por año.
El debate suele plantearse desde dos posiciones: para los trabajadores, la medida representa una posibilidad de mejorar el equilibrio entre vida laboral y personal; para las empresas, genera dudas sobre los costos, la continuidad operativa, la contratación y el cumplimiento de los objetivos de producción o servicio.
Sin embargo, el punto central debería ser otro: ¿cómo producir lo mismo o más con menos horas de trabajo?
La reducción de la jornada no tendría que traducirse automáticamente en una disminución de la producción. Pero tampoco puede suponerse que los resultados permanecerán iguales si la organización conserva los mismos procesos, desperdicios, tiempos muertos, fallas de coordinación y formas de dirigir el trabajo.
México enfrenta un desafío importante. El país se encuentra entre los integrantes de la OCDE con mayor número de horas trabajadas al año y, al mismo tiempo, presenta una productividad por hora inferior a la de otras economías. El Instituto Mexicano para la Competitividad estima que México registra alrededor de 2,207 horas trabajadas anualmente por persona, frente a un promedio de 1,740 horas en la OCDE.
Los datos del INEGI también muestran que la productividad laboral requiere atención constante. En el segundo trimestre de 2026, el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía registró un crecimiento anual de 1.7%, un avance positivo, pero insuficiente para suponer que todas las empresas cuentan ya con procesos capaces de absorber una reducción de ocho horas semanales.
Para La Laguna, este desafío adquiere especial relevancia. La región busca atraer inversión, fortalecer sus cadenas de suministro y consolidarse como un destino competitivo para nuevos proyectos industriales. En fechas recientes, Torreón presentó ante inversionistas su infraestructura, conectividad, capacidad productiva y capital humano como ventajas para promover la llegada de empresas.
La pregunta es si las organizaciones regionales están preparadas para competir en un escenario donde el tiempo disponible será menor y la exigencia de resultados continuará aumentando.
La productividad no consiste en pedir a las personas que trabajen más rápido o que soporten una mayor presión. Consiste en generar más valor mediante mejores procesos, tecnología adecuada, capacitación pertinente, coordinación entre áreas, claridad en las responsabilidades y decisiones oportunas.
Antes de reducir la jornada, muchas empresas deberán revisar cuánto tiempo se pierde en reuniones innecesarias, autorizaciones excesivas, retrabajos, fallas de comunicación, procesos manuales, equipos sin mantenimiento, rotación de personal y actividades que no agregan valor al cliente.
También será necesario medir la productividad con mayor precisión. No basta contabilizar horas de presencia. Es indispensable relacionar el tiempo trabajado con unidades producidas, servicios atendidos, calidad, satisfacción del cliente, costos, entregas y resultados alcanzados.
La alta dirección tendrá una responsabilidad decisiva. Deberá dejar de considerar la productividad como un asunto exclusivo del área operativa y convertirla en una prioridad estratégica. Esto implica diagnosticar los procesos, identificar restricciones, invertir en capacidades y desarrollar mandos medios capaces de coordinar equipos con mayor autonomía.
La reducción de la jornada puede convertirse en un problema si las empresas intentan compensarla con horas extra permanentes, presión excesiva o disminución de la calidad. También puede convertirse en una oportunidad si impulsa una transformación profunda en la forma de organizar, liderar y evaluar el trabajo.
La región necesita atraer inversión, pero también construir las capacidades que permitan sostenerla. La jornada laboral de 40 horas será una prueba para las empresas de La Laguna: demostrará cuáles han desarrollado sistemas de gestión, talento y procesos eficientes, y cuáles todavía dependen de jornadas extensas para alcanzar sus resultados.
Trabajar menos horas no debe significar producir menos. Debe retarnos a eliminar desperdicios, fortalecer a las personas y dirigir mejor.
La jornada se reduce. La productividad debe crecer.
