Sin Censura
ADICCIÓN A LAS REDES
Una adicción se puede definir como una conducta que hemos adoptado, sobre la cual perdimos el control y que nos lleva al consumo de algo o a la ejecución de algo; es un proceso de aprendizaje. Dr. Oscar Prospéro G. Las tecnologías aplicadas a la comunicación humana siguen bajo el escrutinio por su carácter cada vez más adictivo. Originalmente diseñadas para facilitar el contacto, la comunicación entre los seres humanos, estas tecnologías han terminado por convertirse en instrumentos de mediatización política, manipulación ideológica y generadoras de conductas adictivas. Parte del conocimiento que soporta a estas tecnologías tiene que ver con nuestras vulnerabilidades, nuestros vacíos. Saben que estamos cada vez más aislados, con dificultades crecientes para establecer relaciones sanas y se aprovechan de ello proveyéndonos sustitutos mercantilizados de aquello que nos hace humanos. Por eso nos refugiamos en relaciones que no nos generan crisis, que no nos obligan a hacer el esfuerzo de comprender al otro. Así terminamos sustituyendo las relaciones con humanos por los afectos hacia nuestras mascotas, por ejemplo. Algo similar nos sucede con las relaciones mediadas por el celular o la computadora, precisamente porque las tecnologías nos hacen sentir que, con solo un click, tenemos el poder sobre esas relaciones. Podemos relacionarnos con cualquiera más allá de diferencias de credo, raza, género o nacionalidad, pero sabiendo que, en cualquier momento, si nos aburrimos o nos molestamos, bastará un click para dar por finalizada cualquier conversación. De manera que el vacío no puede llenarse con ese tipo de relaciones y entonces nos ofrecen información, importante o banal, pero a un ritmo en que nos es imposible procesar y termina por generarnos una sensación de ansiedad que se vuelve adictiva. Justamente por lo anterior fue acusado el consorcio Meta que está detrás de Instagram y Facebook en 2021. La acusación prosperó a tal grado que en 2023 fue respaldada por varias decenas de estados que sostenían que Meta había diseñado plataformas que generaban adicción en adolescentes lo cual, según la acusación, violaba una ley federal de protección de los datos de menores de 13 años quienes, por lo mismo, no deberían tener acceso a esas plataformas. Cuando todo apuntaba a que Meta sería encontrada culpable de los cargos buscó un acuerdo compensatorio, que en lo económico implica más de 16 mil millones de dólares, pero que además tiene que ver con limitaciones de acceso para, al menos, disminuir el daño a sus usuarios, especialmente a los adolescentes. Entre esas limitaciones está, por un lado, la restricción del acceso de jóvenes a las plataformas de Meta al establecer el límite de dos horas de acceso diario acumulado y, por el otro, el impedimento de uso de las plataformas Facebook e Instagram durante la noche, es decir, entre la media noche y las seis de la mañana. Solamente los padres podrán flexibilizar estos ajustes, siempre y cuando sus cuentas estén vinculadas a las de sus hijos adolescentes. De los más de 16 mil millones que Meta se obligó a paga en compensación, 12 mil serán pagados en abonos hasta 2035, mientras que el resto será exigible si Snap, TikTok y YouTube aceptan normas y pagos comparables. De manera que, ciertamente, lo anterior no constituye la eliminación del problema, sin embargo, abre la puerta de la lucha judicial para imponer restricciones al poder depredador de este tipo de plataformas. A final de cuentas el exacerbado individualismo que hoy caracteriza a nuestras sociedades sigue siendo el principal generador de nuestras vulnerabilidades, pero la lucha jurídica puede ayudar a desmontar el enorme poder de estos consorcios.

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Después de analizar el mercado de los medios escritos de las diferentes regiones del estado, consideramos factible ofrecer un producto diferente en presentación y contenido, por lo que en Junio de 2003, un grupo de profesionistas decidimos editar un periódico, al que denominamos Sin Censura.

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