
En menos de un año, Morena hizo lo que la oposición no pudo hacer en seis: exhibir todas sus miserias al mismo tiempo.
Se les acabó el cuento.
Llegaron al poder en 2018 con tres frases que parecían mandamientos: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. La honestidad valiente, le decían. La repitieron tanto que hasta ellos se la creyeron.
En menos de un año del segundo piso, las tres se cayeron a pedazos y no fue la oposición quien las tumbó. Fueron ellos mismos.
-No mentir. Y viven de la mentira.
Mintieron con la reforma judicial. Dijeron que era para acercar la justicia al pueblo y terminaron sorteando jueces con tómbola. Mintieron con la sobrerrepresentación. Mintieron con la economía, con que no había deuda y hoy traen el déficit más grande en 30 años. Mienten todos los días a las 7 de la mañana.
-No robar. Y robaron peor.
El sexenio pasado nos dijeron que se acabó la corrupción porque el Presidente era honesto. Hoy sabemos lo que costó esa honestidad: Segalmex, 15 mil millones desviados. Los hijos de AMLO con contratos de amigos. Los gobernadores de Morena con bodegas de huachicol, con ranchos, con relojes de 300 mil pesos. Y la presidenta del partido, Ariadna Montiel, saliendo a explicar por qué su nombre aparece en audios y en reportes, y por qué el bienestar se volvió caja chica.
Ya no roban en lo oscurito. Roban a plena luz, con el discurso de que robar para el movimiento no es robar.
“No traicionar”. Y traicionaron a todos.
Traicionaron al votante que creyó en el cambio y le devolvieron militarización, traicionaron a los jóvenes a los que les prometieron no volver al PRI y les trajeron a todo el PRI pintado de guinda, a los Yunes, a los Murat, a los Bartlett. Traicionaron a sus propias bases, que hoy ven como la cúpula negocia candidaturas en una mesa con un narco en la sierra mientras a ellos les piden defender lo indefendible en WhatsApp.
Eso es Morena en 2026: una franquicia del viejo PRI pero sin pudor. El PRI al menos se avergonzaba cuando lo cachaban. Estos se victimizan.
En menos de un año se les cayó la máscara porque dejaron de tener a López Obrador para que les tapara todo con una mañanera. Sin el caudillo, se quedaron sin relato.
Y sin relato, lo único que queda es lo que siempre fueron: ambición pura.
La honestidad valiente murió. Lo que queda es el cinismo valiente.
