La mejor columna política de La Laguna, por SinCensura®.
En Coahuila el poder no se mide por quién habla más fuerte, sino por quién logra sentar a todos en el mismo lugar sin que nadie se sienta obligado a ir. Y el viernes pasado, en Torreón, eso lo logró una soprano. La gala operística de Tamara Radjenović en el Teatro Isauro Martínez, con la Camerata de Coahuila bajo la batuta de Ethan Eager y el Coro del Instituto de Música de Coahuila, se agotó por completo. Pero el dato que a esta columna le interesa no es que se llenara el teatro. Es quiénes lo llenaron.
Hagamos el recuento, que es el acto político más interesante del mes. Ahí estuvieron los 2 alcaldes de las 2 ciudades más grandes del estado: Miguel Ángel Riquelme Solís, de Torreón, y Javier Díaz González, de Saltillo. Estuvo el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, Miguel Felipe Mery Ayup, que además es vicepresidente ejecutivo del Patronato de la Camerata. Estuvo la presidenta del Congreso del Estado, la diputada Luz Elena Morales Núñez, del Distrito XIII. Estuvo el senador de la República Gabriel Elizondo Pérez. Por el Ejecutivo estatal estuvieron el secretario de Gobierno, Óscar Pimentel González; el secretario de Finanzas, José Antonio Gutiérrez Rodríguez; y la secretaria de Cultura, Leticia Aurora Rodarte Rangel. Y estuvieron los 2 mandos armados del estado: el general brigadier Miguel Ángel Aguirre Lara, comandante de la XI Región Militar, y el general brigadier Francisco Díaz Acuña, coordinador estatal de la Guardia Nacional.
Pero el bloque que de verdad llamó la atención de quien sabe leer una sala fue el judicial, y conviene detallarlo porque no se había visto algo así en esta ciudad. Por el Poder Judicial del Estado, además del anfitrión de la noche, estuvieron el magistrado del Segundo Tribunal Distrital con residencia en Torreón, Francisco José Adame Acosta; el coordinador del Órgano de Administración Judicial y oficial mayor del Poder Judicial, José Manuel Gil Navarro. Y por el Poder Judicial de la Federación, nada menos que la plana mayor del Octavo Circuito con sede en Torreón: la magistrada presidenta del Primer Tribunal Colegiado en Materias Civil y de Trabajo, Claudia Valeria Delgado Urby; la magistrada Elda Karen Carral Chávez; el magistrado presidente del Segundo Tribunal Colegiado en Materias Civil y de Trabajo, Jorge Antonio García Sotomayor; el magistrado del Tercer Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa, Francisco Alberto Santamaria Ibarra; la jueza del Juzgado Segundo de Distrito en La Laguna, Maribel Villanueva Salas; el juez del Juzgado Tercero de Distrito en La Laguna, Pedro Esteban Guevara Toscano; el juez Cuarto de Distrito en el Estado, Jorge Trejo Veloz; y el magistrado Paul Hernández Naranjo, presidente de la Sala Regional en Coahuila del Tribunal de Justicia Administrativa.
Sume la clase empresarial, que es la otra mitad de la fotografía, y verá por qué esta columna le dedica tanto espacio a un concierto. Eduardo Tricio Haro, presidente del Consejo de Administración de Grupo Lala, acompañado de José Antonio Tricio Haro. Nessim y Salomón Issa Tafich, de Grupo SIMSA. Carlos Eduardo Abraham Murra Marcos, presidente del Consejo de CIMACO. El empresario lagunero José Antonio Safa Serrato. Salvador Sánchez Ávila, presidente del Colegio de Notarios de Torreón, y el notario José Ortiz Zermeño. Y Mary Carmen Reyes García, presidenta de Coparmex Laguna y la primera mujer en encabezar ese organismo en la región, lo cual en una sala llena de apellidos tradicionales no es un detalle menor. Estuvieron también el ingeniero Fernando Treviño Botti, fundador de Grupo Trebotti, y los propietarios de ARE Vivienda, Raúl Albéniz Franco y Raúl Albéniz Ramírez; es decir, el ladrillo y el desarrollo inmobiliario que le están dando forma al Torreón de los próximos 20 años. Y aquí el dato para quien sepa leer: varios de los presentes, entre ellos Issa Tafich y Murra Marcos, son integrantes del Consejo de Viabilidad Financiera del Estado, el órgano que opina sobre el manejo de las finanzas públicas estatales. En una misma función coincidieron el empleo, el crédito, la obra y la vigilancia financiera del estado.
Ahora léalo otra vez y dígame si eso es un concierto. Los 3 poderes del estado, los 2 municipios más grandes, los 2 mandos militares, el Consejo de Viabilidad Financiera, la universidad pública y los apellidos que sostienen la economía de esta región, todos en la misma sala, al mismo tiempo, sin mesa de negociación de por medio y sin que nadie tuviera que explicar después por qué fue. Eso en política tiene un nombre: se llama bloque. Y los bloques no se convocan: se revelan. El viernes quedó a la vista que en Coahuila existe uno y que funciona.
Así que lo decimos sin regateos, porque esta columna reparte palos, pero también aplaude cuando toca: bien por la Camerata de Coahuila, bien por Coahuila y bien por Torreón. El mensaje de la noche fue que estamos unidos en el proyecto cultural más importante del estado, y en una región que lleva meses hablando de expedientes, detenidos y auditorías, haber conseguido que lo único que convocara a todos fuera un escenario es un logro que no se mide en votos.
Ahora pasemos a lo otro, que también es noticia y es la que esperábamos. El lunes 26, en la cuadragésima sesión ordinaria de Cabildo, Torreón designó por fin contralor municipal: Manuel Valdés Ruiz, a quien el alcalde tomó protesta. Se registraron 3 aspirantes en la convocatoria: Everardo Zúñiga Rodríguez, Axel Fabián Hernández García y el propio Valdés. Es contador público, con trayectoria en auditoría y control interno, y desde 2022 era titular del órgano de control interno del municipio de Parras de la Fuente.
Y aquí esta columna tiene que rendir cuentas de lo que publicó. La semana pasada dimos cuenta de un trascendido que ponía a otro nombre, de peso político estatal, como el favorito para esa silla. No apareció en la lista. O la operación no existió, o no prosperó. Lo anotamos porque quien especula tiene la obligación de corregirse en la misma tinta, y porque el desenlace dice algo interesante: el alcalde no escogió un político, escogió un técnico. Sin historia con el secretario del Ayuntamiento, sin paso por el SIMAS, sin padrino en Saltillo y sin deudas en Torreón. Eso es independencia por diseño y hay que reconocérselo.
Pero seamos consecuentes, porque hace una semana sostuvimos en este mismo espacio que a un contralor débil se lo come cualquier director con 2 llamadas. Llega un contador del órgano de control de un municipio de unos 30 mil habitantes a auditar una ciudad de más de 700 mil, con un expediente federal de delincuencia organizada encima, una concesión de limpieza a 25 años y direcciones que no entregan reportes cuando se les piden. La pregunta no es si don Manuel es honesto; suponemos que lo es. La pregunta es si tiene con qué. Y la respuesta no la va a dar su currículum: la va a dar el respaldo público que el alcalde le dé cuando el primer director le cierre un cajón.
Y empecemos por el que más ruido hace. Napoleón Murillo Favela sigue sentado en Alumbrado Público. Pero lo que ahora nos cuentan es mucho más interesante que su silencio, y es que el señor anda diciendo a los 4 vientos que ya se arregló. Vale la pena detenerse en el verbo, porque lo escogió él. ¿Arreglado con quién? ¿Arreglado cómo? ¿Y arreglado en qué términos, si la Contraloría de este municipio tiene titular desde el lunes y todavía no ha tenido tiempo material de abrir un solo expediente? Porque aquí viene el problema de fondo: en el derecho administrativo mexicano no existe la figura del arreglo. Existe la absolución, existe la sanción y existe el archivo por falta de elementos, y las 3 requieren exactamente lo mismo, que es un expediente, una revisión y una firma. Lo que no existe es un procedimiento que se resuelva en una conversación de pasillo.
De modo que o el señor está presumiendo algo que no ocurrió, para intimidar a quien lo señala y tranquilizar a quien le pregunta, o alguien le prometió algo que no le corresponde prometer. Y aquí esta columna quiere ser muy clara, porque la segunda hipótesis no lo lastima a él, lastima al alcalde. Miguel Ángel Riquelme lleva 4 meses construyendo una credibilidad que se apoya precisamente en lo contrario: en relevar funcionarios, en pedir informes, en dejar que la Fiscalía federal se llevara a quien se tuvo que llevar sin que su partido metiera las manos, y en nombrar a un contralor de perfil técnico y sin padrinos. Nadie que haya trabajado tanto por ese capital político lo gasta en un director de Alumbrado Público. Así que lo más probable es que el arreglo sea una invención del interesado. Pero conviene decirlo en voz alta, no vaya siendo: si a este personaje se le perdonara sin investigarlo, y encima antes de que el contralor recién nombrado alcance a revisar nada, entonces el nombramiento del lunes no habría servido para gobernar mejor. Habría servido para tener a quién enseñar cuando alguien pregunte.
Los otros 2 expedientes siguen igual de abiertos y ahora también tienen destinatario. Fernando Villarreal, en Servicios Públicos, tiene 61 días para cumplir con las 100 hectáreas y la primera celda del confinamiento que el contrato exige antes del 31 de diciembre, mientras las más de 650 toneladas diarias de basura de Torreón siguen yendo al relleno de Matamoros, propiedad de una de las 2 empresas que se juntaron para ganar la licitación en la que eran las 2 únicas participantes. Y Héctor Estrada Vaca, en Desarrollo Social, con la bodega del impermeabilizante que nunca se explicó y con aquel asunto de la distribución de la leche de sello rojo en los tiempos en que el hoy procesado José Elías Ganem repartía bastante más que programas sociales. Las 4 preguntas de siempre siguen sin respuesta: quién distribuía, bajo qué figura, con qué padrón y a cuenta de quién.
Ahí está la semana, pues. Un teatro que reunió lo que ninguna mesa de negociación había reunido, un contralor que llegó después de 37 días de silla vacía, un IMPLAN que sigue esperando, un director de alumbrado que anda presumiendo arreglos que ninguna ley contempla, 61 días para encontrar 100 hectáreas y un informe de gobierno en el horizonte. En Torreón nunca pasa nada, dicen. Pasa de todo. Y esta vez, hasta hubo ópera.
Hasta siempre, ingeniero.
El miércoles 28 de octubre se nos fue Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, a los 92 años, y con él se va una manera de hacer política que en este país ya casi no se encuentra.
Hijo del general Lázaro Cárdenas, gobernó Michoacán y en 1987 hizo lo que casi nadie se atrevía a hacer dentro del viejo régimen: romper con el PRI desde adentro, junto con Porfirio Muñoz Ledo y la Corriente Democrática, para exigir que el partido dejara de escoger a su candidato con el dedo. En 1988 encabezó el Frente Democrático Nacional y protagonizó la elección de la famosa caída del sistema, que muchos mexicanos siguen convencidos de que él ganó. Al año siguiente fundó el PRD, fue tres veces candidato a la Presidencia y en 1997 se convirtió en el primer jefe de Gobierno electo de la Ciudad de México.
Se le podrá discutir casi todo, menos la congruencia. Nunca necesitó gritar para hacerse oír, y cuando sintió que el partido que había fundado ya no era el suyo, se fue sin portazo, en 2014. Buena parte de la alternancia que hoy damos por hecha, la de los gobiernos y los ayuntamientos que cambian de manos sin que pase nada, se empezó a empujar en aquellos años en que oponerse costaba caro.
En La Laguna su apellido nunca fue uno más. Ésta es la tierra del reparto agrario de 1936, la de los ejidos que fundó su padre, y aquí el cardenismo se heredó de generación en generación como se heredan las parcelas. Por eso la noticia pega distinto en esta región. Descanse en paz el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Nuestras condolencias a su familia y a todos los que alguna vez creyeron, con él, que este país podía cambiar por la vía de los votos.
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