Si alguien perdió un dedo a los 17 años, fui yo. Trabajando en el turno de noche…Yo era menor de edad y trabajaba de noche porque o trabajaba o no comía.
Lula da Silva
Según datos del IMSS casi el 26 por ciento de los accidentes laborales del país tienen que ver con lesiones traumáticas y mutilaciones en las manos, justo con la herramienta corporal que más participa en la construcción del mundo que se hace en el universo fabril, es el órgano del trabajo, pero también su producto, según Federico Engels. Para el filosofo Emanuel Kant, la mano es la “ventana de la mente” porque, para este pensador, el entendimiento humano no solamente observa pasivamente el mundo que le rodea, sino que actúa sobre él manipulando, tocando, haciendo y corrigiendo.
El “nueve dedos” es la forma en la Flavio Bolsonaro se dirigió a su contrincante, el ahora presidente electo de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, en el último debate previo al proceso electoral de Brasil en la que el Partido del Trabajo se alzó con la victoria. La expresión de Bolsonaro constituía una burla con la que buscaba disminuir a Lula, presentarse a sí mismo cómo el símbolo del éxito, como alguien perteneciente a una clase superior. Lo único que consiguió fue que Lula lo exhibiera como uno más de los integrantes de la clase parasitaria que vive del trabajo ajeno y que, incluso, no lo piensa dos veces para poner en riesgo la integridad corporal de los trabajadores si eso implica aumentar las ganancias y privilegios de clase.
El debate entre ambos contendientes por la presidencia de Brasil puso al descubierto la forma en que los fascistas perciben a la población, simples instrumentos de votar carentes de la capacidad para razonar su voto. El dirigirse permanentemente a la emotividad, a explotar la rabia de quienes cargan con el peso de la crisis generada por los fascistas disfrazados de “libertarios” ha dado resultados en Estados Unidos con Trump, pero habrá que ver si el próximo 3 de noviembre se mantiene esa capacidad, porque todo indica que ese día los republicanos perderán el control del Congreso norteamericano.
Sin duda, la inesperada victoria de Lula en Brasil dará un enorme impulso a quienes, en Estados Unidos, hasta hace poco veían como imposible o, por lo menos altamente improbable, una victoria del partido Demócrata en los suficientes distritos electorales como para cambiar la actual correlación de fuerzas.
El triunfo de Lula ofrece varias lecciones desde diversas perspectivas. Por un lado, permitió recuperar esa gran reserva moral del pueblo brasileño que, en efecto, vio en el mote de “nueve dedos” una gran afrenta a la humanidad de Lula y, por tanto, de todos los trabajadores, tanto de los que ya han sufrido algún accidente de trabajo como de aquellos que se saben permanentemente expuestos a esa eventualidad. Tan es así que Lula retomó la afrenta y la convirtió en una poderosa arma que terminó por destruir, solo con exhibirlo, a su oponente. Otra lección tiene que ver con la capacidad de hacer posible lo imposible pues, con todas las apuestas en contra, Lula terminó derrotando a Bolsonaro. Pero también está la muestra de que, a la derecha atrincherada en las redes sociales, se le puede ganar en su terreno. Y no se diga de los jóvenes que, en teoría, son presa fácil de los discursos de odio y que, sin embargo, ahora demostraron su capacidad para procesar contenidos y, sobre todo, para construir una nueva narrativa sobre los procesos sociales. Quizá por eso Lula está estrenando teléfono celular y WhatsApp.
