
¡Ah, qué bonita es la austeridad cuando se acomoda a conveniencia!
Betzabé Martínez Arango rindió su primer informe de gobierno y, hay que reconocerlo, tuvo una estrategia muy particular: dos Gómez Palacios, dos escenarios y dos formas de rendir cuentas.
Para las colonias y comunidades, las llamadas Verbenas del Pueblo. Para funcionarios, invitados especiales, empresarios y representantes de cámaras y organismos: Club Altozano.
Sí, Altozano. Uno de los sectores residenciales más exclusivos de Gómez Palacio. No vaya a pensar usted que Nicanor está en contra de que la alcaldesa se reúna con empresarios ¡Faltaba más! El sector empresarial también forma parte de la ciudad y merece ser escuchado. El detalle está en la congruencia.
Porque mientras desde la Cuarta Transformación se habla hasta el cansancio de austeridad republicana, de eliminar privilegios y de gobernar cerca del pueblo, en Gómez Palacio el informe tuvo su versión popular… y su versión VIP.
Para el pueblo: verbena. Para los importantes: Altozano. Y aquí viene la pregunta que seguramente nadie quiso hacer durante el aplausómetro: ¿Cuánto costó la fiesta de la rendición de cuentas?
Porque una cosa es presentar resultados y otra organizar eventos con salón, montaje, alimentos, sonido, logística, producción e invitados.
¿Quién pagó? ¿El Ayuntamiento? ¿Algún patrocinador? ¿Empresarios? ¿Hubo aportaciones privadas? ¿Cuánto costó cada uno de los eventos?
Porque si todo fue pagado con recursos privados, perfecto: que se diga. Y si salió del erario, con mayor razón: que se transparente.
La austeridad no se demuestra con discursos, se demuestra con facturas. Y vaya que el contraste resulta curioso. Por un lado, las Verbenas del Pueblo, presentadas como una nueva forma de acercar el informe a la ciudadanía. Por otro lado, la presentación en Altozano ante quienes tienen nombre, representación, influencia empresarial y lugar reservado.
¿Dos informes? No exactamente. Pero sí dos públicos y dos ambientes muy diferentes. Y mientras tanto, la administración presume inversión, obras, seguridad, infraestructura y programas. Muy bien. Que se discutan los resultados. Que se revisen las cifras. Que se evalúe lo que se hizo y lo que no se hizo.
Eso es gobernar. Pero también hay que evaluar cómo se gobierna. Porque el mensaje político importa. Y el mensaje que dejan estos eventos es difícil de ignorar: La cercanía con el pueblo se celebra en la colonia; la rendición de cuentas de traje y corbata se sirve en Altozano. ¡Qué cosas!
Hasta la transformación parece tener mesa de pobres y mesa de invitados especiales. Y aquí Nicanor no está diciendo que los empresarios sean privilegiados por asistir. Está preguntando algo mucho más sencillo: ¿Por qué un gobierno que presume austeridad necesita este tipo de ceremonias para rendir cuentas?
Y si hubo comida, banquete, montaje o gastos de representación, ¿cuánto nos costó? Porque si Betzabé quiere hablar de transparencia, que no se limite a presumir cuánto se invirtió en obras. También puede empezar por transparentar cuánto se gastó en presentar esas obras.
Al final, el primer informe dejó cifras, discursos, aplausos, fotografías. Y dejó una pregunta que, por alguna razón, todavía no tiene respuesta: ¿Cuánto costó la austeridad de Betsy en Altozano?
Porque una cosa sí queda clara: Para el pueblo hubo verbena. Para los importantes Altozano. Y para Nicanor… Hubo tema.
