Torreon, Coah.
Edición:
26-Feb-2024
Año
21
Número:
895
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Las manifestaciones dejaron de ser pacíficas por las omisiones del estado: Adriana Romo / 711


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Por:
Orlando Espino
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24-08-2019
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Edición:

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POR: ORLANDO ESPINO

 Torreón, Coahuila.- Durante la semana que recién concluye, grupos de mujeres integrantes de organizaciones feministas convocaron a una manifestación en la Ciudad de México que término con actos violentos que causaron destrozos en la infraestructura de edificios públicos y privados, incluyendo el Ángel de la Independencia, el más reconocido de los monumentos de la capital de la República.

Los actos fueron criticados por personajes públicos, periodistas y columnistas e, incluso, algunas mujeres que se mostraron en contra de llevar la protesta de esa manera. Sin embargo, también hubo voces de apoyo, sobre todo en las redes sociales, de ciudadanos que señalaron que, ante la indolencia e inoperancia de las autoridades de los tres niveles de gobierno, no había otro camino para exigir que se ponga un alto a la violencia generalizada que sufren las mujeres a diario en nuestro país.

En ese sentido, Adriana Romo Salado, integrante de la Red de Mujeres de La Laguna, señaló que las manifestaciones se han tornado en ese tono motivadas por “un estado omiso y una sociedad indolente, que genera un sentimiento de mucho hartazgo, de mucha frustración. Creo que es la crónica de una manifestación anunciada”, dijo en entrevista con Sin Censura.

De acuerdo con la activista, no solo se trata de la violencia desbordada contra las mujeres, sino que “los feminicidios son cada vez más cruentos, con más saña y, por ejemplo, el feminicidio infantil se ha incrementado mucho y en esos casos no valen las seudo-explicaciones que dan las autoridades de: es que quien sabe cómo andaría; o sea, ¡no! ¿Una niña? Entonces, yo creo que todo eso y llegó al límite del hartazgo, sobre todo, en las generaciones más jóvenes que son las más afectadas y porque cada generación tiene sus modos de lucha, pero el trasfondo es el mismo”.

Asimismo, señaló que la situación se ha vuelto insostenible porque las mujeres son re-victimizadas por las autoridades, pues los funcionarios públicos las culpan prejuzgan a las víctimas: “a una mujer la violan y lo primero es: usted que andaba haciendo allí; por qué se viste así; qué andaba haciendo a las 3 de la mañana alcoholizada; es decir, esto lo vemos desde siempre, la respuesta de las autoridades es esa, y las nuevas generaciones han llegado al límite”.

No solo eso, sino que la impunidad es tremenda, abrumadora, insultante; de acuerdo con Romo Salado, de los casos que les ha tocado acompañar, solo un mínimo porcentaje se hace justicia: “a muy grosso modo, en cuestión de delitos penales como son los delitos sexuales, violencia familiar, feminicidios; ni la cuarta parte llegan a una sanción que cumpla con lo que dice la ley víctimas o con lo que se maneja con los protocolos de atención a víctimas; y encontrar un caso que sea satisfactorio desde su inicio hasta su conclusión, cuando mucho uno de cada cien”.

Y eso, cuando la víctima decide continuar con el proceso, pues no son pocas las mujeres que desisten y prefieren retirarse ante la insensibilidad de un aparato de justicia que parece beneficiar a los victimarios y castigar a quienes han sido violadas o violentadas. En los casos de feminicidios, el porcentaje de los casos en que se hace justicia no es mucho mejor.

Ante tal situación, miles de mujeres decidieron salir a las calles a manifestarse, a gritar, a romper vidrios y pintar paredes, para dejar constancia de que ya es momento de que las autoridades realmente se comprometan a brindarles, no solo justicia, sino la seguridad de poder salir a la calle a la hora que sea, vestirse como deseen, divertirse, y tener la seguridad de que regresarán sanas y salvas a su hogar, sin tener que preocuparse por ser violadas, golpeadas o asesinadas, por el solo hecho de ser mujeres.

En este caso todos hemos fallado, por ende, todos debemos cooperar para garantizar la seguridad de todas las mujeres, pues cada acto de violencia es una afrenta para la sociedad en general, pues todos somos hijos, padres o hermanos de una mujer, por tanto, nos corresponde, a sociedad y gobierno, trabajar de manera conjunta para, sí es posible, erradicar la violencia contra las mujeres y, por tanto, que ya no tengan que salir  a las calles a exigir lo que por derecho propio les pertenece; su seguridad, su integridad, su vida misma.

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