Torreon, Coah.
Edición:
23-Mar-2026
Año
22
Número:
987
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DE ALACRANES Y ALACRANADAS

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Por:
Samuya
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22-03-2026
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Edición:
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I.- Más casetas, ¿menos violencia? La respuesta fácil ante un problema complejo en Lerdo.

La escena en el Parque Victoria no solo es alarmante por el hecho violento en sí —una persona apuñalada en pleno espacio público—, sino por lo que revela: una ciudad que responde tarde, reacciona rápido… pero piensa poco. La decisión del gobierno municipal, encabezada en materia de seguridad por José Luis Olivares Guzmán, de instalar casetas de vigilancia en puntos como la plaza principal y la plazuela, parece, en el papel, una acción inmediata y visible. Pero también es, en esencia, una respuesta superficial. Porque la pregunta de fondo no es dónde colocar policías, sino por qué ocurren estos hechos. El propio reporte oficial apunta a que el incidente involucró a personas en situación de calle. Y ahí es donde el discurso se vuelve incómodo: ¿se está atendiendo un problema de seguridad… o uno de abandono social? Porque si la estrategia se limita a cercar, vigilar y desplazar, lo único que se logrará es mover el conflicto de lugar, no resolverlo.

Instalar casetas puede generar una sensación momentánea de control, pero difícilmente reconstruye el tejido social. La violencia no nace en los parques; llega a ellos. Y mientras no se atiendan factores como la marginación, la falta de oportunidades y la ausencia de políticas públicas integrales, cualquier medida será apenas un parche. Es cierto, la autoridad no puede quedarse de brazos cruzados. Pero, tampoco puede conformarse con medidas que privilegian la imagen sobre la solución. Hablar de prevención implica mucho más que patrullajes: exige intervención social, atención a grupos vulnerables y una estrategia que no reduzca la seguridad a la presencia policiaca. Lerdo enfrenta hoy una disyuntiva clara: optar por la vigilancia como espectáculo o por la seguridad como construcción social. Porque si cada hecho violento se responde con más casetas, pronto la ciudad estará llena de policías… y vacía de respuestas reales.

II.- Ya está la lista de los detenidos de la bronca en DINAMITA.

Lo ocurrido en Gómez Palacio con los trabajadores de Sotomex, no solo es un conflicto laboral más. Es, en realidad, el retrato de una crisis más profunda: la ruptura total de la confianza entre ciudadanos, empresas y autoridades. Veintisiete personas presuntamente detenidas, familias sin respuestas y una versión oficial que no termina de cuajar. En ese vacío —peligroso y cada vez más común— comienzan a circular las “malas lenguas”: que si “la maña” está detrás, que si el conflicto no es solo laboral, que si hay intereses ocultos. Y aunque esas versiones no están confirmadas, el simple hecho de que resulten creíbles ya es, por sí mismo, un síntoma grave.

III.- Porque cuando la autoridad no informa, alguien más lo hace. Y casi siempre lo hace peor.

Aquí hay dos planos que no pueden ignorarse. El primero: el derecho legítimo a la protesta. Sí, como aseguran los familiares, la manifestación era pacífica, cualquier detención sin claridad ni debido proceso es, por definición, preocupante. Nadie debería desaparecer en medio de una movilización laboral. Nadie. Pero hay un segundo elemento que complica el escenario: la retención de un camión con material explosivo. Ese hecho, de confirmarse en su dimensión real, cambia el tono del conflicto. Ya no se trata solo de una protesta, sino de una acción de alto riesgo que pudo poner en peligro a terceros. Y ahí es donde la línea entre la exigencia legítima y la irresponsabilidad —o incluso la manipulación— se vuelve peligrosamente delgada. Es justo en ese punto donde surgen las sospechas. En regiones donde el crimen organizado ha aprendido a infiltrarse en conflictos sociales, laborales o incluso comunitarios, cualquier episodio fuera de control enciende alertas. Pero cuidado: sospechar no es lo mismo que probar. Y gobernar con base en rumores es tan grave como ocultar información. El problema de fondo es otro: la opacidad.

Ni las autoridades han explicado con claridad qué ocurrió, ni se ha informado con precisión sobre la situación legal de los detenidos. ¿Están bajo investigación? ¿Fueron liberados? ¿Existe una carpeta formal? El silencio oficial no solo es irresponsable: es el combustible perfecto para la especulación.

IV.- Y mientras tanto, las familias siguen preguntando lo básico: ¿dónde están?

Si en este conflicto hay algo peor que la violencia, es la incertidumbre. Porque cuando un problema laboral termina rodeado de versiones sobre crimen organizado, detenciones opacas y riesgos con explosivos, ya no estamos ante un simple desacuerdo entre trabajadores y empresa. Estamos frente a un escenario donde todo puede escalar… y donde nadie parece tener el control del relato. Al final, la pregunta no es si “la maña” está o no detrás. La pregunta urgente es por qué, en pleno 2026, esa posibilidad resulta creíble para tanta gente. La respuesta, incómoda pero evidente, es una sola: porque el Estado sigue llegando tarde… o no llega.

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