Quisiera decir que conmemorar el 8M es innecesario, como muchos piensan. Que la brecha que “existía” en la lucha por la igualdad ha desaparecido. O que las mujeres pueden transitar tranquilamente por una calle que parece estar sola y un tanto oscura, sin sentir que no volverán a ver a sus seres queridos y pensando en qué momento sacarán el gas pimienta de su bolsa. Pero lamentablemente no es así. Y casi puedo apostar, que mientras leías las palabras “calle que parece estar sola y oscura”, lo primero que pasó por tu mente, amable lector, fue: Por eso las matan. ¿Qué mujer caminaría sola por una calle así?
Y aquí vamos a entrar en temas escabrosos, como digo yo...
Como cada año, al acercase el 8 de marzo, edificios se iluminan de color morado, las redes sociales se llenan de mensajes de apoyo, todas somos mujeres libres y un sin número de empresas e instituciones públicas y privadas, publican campañas con discursos de “igualdad”. Sin embargo, detrás de toda esta estética violeta, aparece un fenómeno cada vez más señalado y visible: el purple washing.
Este término se utiliza para describir cuando gobiernos, empresas o instituciones adoptan símbolos del feminismo (el color morado, por ejemplo), para proyectar una imagen de compromiso con los derechos de las mujeres, sin que exista un cambio real en sus prácticas o políticas. Es decir, cuando la igualdad se convierte en estrategia de marketing.
Y creanme, no tengo nada en contra del color morado, de hceho es uno de mis favoritos y, definitivmente ese no es el problema. El problema surge cuando el discurso sustituye a la acción. Cuando una insitución envía mensajes sobre el tan famoso “empoderamiento femenino”, pero tolera el acoso laboral dentro de sus espacios o ignora la violencia que viven las mujeres, muchas veces causada por otras mujeres.
El 8M no surgió como una campaña de imagen, desde aquí ya vamos entendiendo mal, porque una cosa es luchar por los derechos de las mujeres, por una igualdad sustantiva y mejores oportunidades de vida para TODAS y TODOS, y otra muy distinta es tomar clases de defensa personal como parte de las actividades del “Día de la Mujer”, porque es más fácil enseñarle a una mujer a defenderse de un ataque violento, a que los hombres dejen de atacar, manipular, amenazar o asesinar a cualquier mujer, por el hecho de ser mujer y no satisfacer sus necesidades personales. Pareciera que los discursos y la narrativa, siguen dejando de lado lo verdaderamente importante, que es hacer alusión a lo que tantas y tantas mujeres han hecho a lo largo de la historia, que ha sido luchar por los derechos laborales, la dignidad y la justicia para todas las mujeres. Y al mismo tiempo, visibilizar lo que sigue estando mal, porque sí, siguen existiendo casos de desigualdad muy visibles.
Pleno siglo XXI y todavía hay un montón de personas que piensan que el valor de una mujer reside en su reputación o en el tamaño de sus caderas. Y hasta la fecha no conozco a ningún varón que se le juzgue por las mismas circunstancias.
Sin embargo, ni la estética, ni la moral son tan importantes como los casos de niñas y mujeres abusadas, la mayoría de las veces por sus propios familiares. Ser perpetrada por quien pensarías debiera ser un refugio y un apoyo, un lugar seguro. O de aquellas mujeres que aún en la actualidad son vendidas como si fueran ganado y viviéramos en la época colonial, donde intercambiaban mujeres por vacas o por hectáreas de tierra. En estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca continúan ocurriendo este tipo de uniones, que más parecieran transacciones. Y aunque tratan de justificar estos actos bajo el término de “usos y costumbres”, especialistas en derechos humanos insisten en que se trata de violaciones a los derechos de las niñas, porque ni siquiera son mujeres adultas, son niñas de hasta diez años. O las tantas mujeres desaparecidas diariamente y que, quienes terminan buscándolas son un grupo de mujeres o, mejor dicho, de madres que no pierden la fe de encontrarlas, aunque hayan perdido la fe en las instituciones que les dieron la espalda.
Así que, más que preguntarnos quién o qué se pinta de morado el 8 de marzo, deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿qué estoy haciendo a favor de la igualdad y justicia para las mujeres todos los días del año?
El sentido real del 8M, no está en su estética, sino en la coherencia que existe entre el discurso y la acción. Porque el feminismo no se mide por la intensidad de un color, sino por el mejoramiento social, que se traduce en condiciones de vida digna para todos, hombres y mujeres viviendo en igualdad.
Y para qué son las alas, sino más que para volar...
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Purple washing: El término purple washing se usa también para hacer referencia al lavado de imagen por parte de los países occidentales que buscan distraer la atención del hecho de no haber logrado aún la igualdad real entre hombres y mujeres.
Texto extraído de https://modii.org/purple-washing/
