La controvertida hoja de vida de Donald Trump, con relación a las mujeres que se han cruzado por su camino en su trayectoria privada y pública, es y será tema de muchos escritos y libros donde se querrá exponer un veredicto final, que al parecer falta mucho para lograr, pues aún hay mucho de qué hablar y escribir.
Desde antiguo se conocen historias donde las relaciones entre hombres y mujeres han marcado los tiempos para siempre, como es el caso de Adán y Eva. A partir de ese evento le siguen miles de sucesos, muchos de ellos exitosos por estar basados en el respeto a la dignidad de la persona; otros muchos, dolorosos por ser esclavizantes y abusivos para la mujer.
En el recorrido histórico de la mayoría de pueblos, tribus, etnias y ciudades se cuentan episodios sobre la vida de la mujer y sus acciones complacientes y permisivas para ser abusadas y utilizadas como instrumentos y juguetes de placer sexual, y otros episodios de completa manipulación en lo privado y en lo público.
Hay mujeres sobresalientes en las ciencias y en la investigación; páginas y páginas de libros están llenas de sus trabajos de investigación, de sus hipótesis, de sus tesis y aportaciones a muchas tecnologías implementadas para hacer más placentera la vida de numerosas comunidades.
Existen mujeres formadoras de niñas y niños de bien; escuelas y colegios están llenos de miles de profesoras de provecho para la educación de millares de niños, jóvenes y universitarios.
Se cuenta con mujeres trabajando y dirigiendo en la mayoría de los oficios: en el hogar, en tiendas, en las grandes cadenas de supermercados, en instituciones y empresas de bienes y servicios.
Otras miles de mujeres ocupan cargos de servidoras públicas en los gobiernos de los tres niveles e integran los poderes Legislativo y Judicial, sirviendo a sus comunidades para alentar el desarrollo, el progreso y la generación de riqueza.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Muchas mujeres que optaron por el camino de violentar las leyes, las hubo y las hay: asesinas, opresoras, terroristas, narcotraficantes, corruptas, traicioneras, mentirosas y con ánimo de someter a los pueblos a la pobreza y la esclavitud; ejemplos: Nicaragua, Venezuela y México.
Ahora D. Trump tiene relaciones con dos mujeres que, entre ellas, tienen mucho en común: son terroristas, son corruptas, pertenecen al Foro de Sao Paulo, están al frente de un gobierno de manera ilegítima, pertenecen a mafias que mueven drogas que asesinan a miles de personas y son enemigas declaradas de los Estados Unidos de América.
Los sistemas de seguridad e inteligencia del gobierno republicano capitalista de EUA las tienen en sus manos, con pruebas de todo tipo donde están involucradas ambas mujeres, y pesan sobre ellas acusaciones que pueden comprometer su libertad por muchos años.
Es por esos crímenes que Trump tiene en su puño a Delcy y Claudia; ambas están bajo sus órdenes y están haciendo el trabajo sucio contra sus propios cómplices y seguidores, con la orden de limpiar a sus respectivos países de los narcoterroristas y los narcopartidos como MORENA y sus cómplices. De la eficacia con que ejecuten su trabajo de entregar y llevar ante la justicia a sus correligionarios dependerá que sigan libres o vayan a hacer compañía a Maduro y su esposa Cilia.
Usted, lector, dice la última palabra.
