I.- UNIDAD SÍ, PERO CON RESPONSABILIDAD SINDICAL
EN MEDIO DE LA RECIENTE MANIFESTACIÓN POR FALTA DE INSUMOS EN EL HOSPITAL GENERAL DE GÓMEZ PALACIO, las declaraciones que llaman a la “unidad” suenan políticamente correctas, pero dejan preguntas incómodas sobre la actuación de la dirigencia sindical en la Región Lagunera. Por cierto, el doctor JOSÉ ANTONIO ADAME DE LEÓN GUERRA, optó por enmarcar el desabasto como un proceso “cíclico” ligado a partidas presupuestales federales y estatales. Es cierto que los tiempos administrativos existen y que los recursos públicos no fluyen con la rapidez que exige la demanda hospitalaria. También es verdad que los recortes nacionales impactan a las entidades. Sin embargo, convertir una crisis visible —medicamentos ausentes, contratos no renovados, infraestructura deficiente— en una simple “situación normal” corre el riesgo de minimizar lo que trabajadores y pacientes viven a diario.
II.- RAFAELA ZAPATA… ¿QUÉ INTERÉS TIENE DE ANDAR ENCABEZANDO MANIFESTACIONES?...
Pero más allá de la discusión presupuestal, el foco debe ponerse en el papel de la dirigencia sindical encabezada por RAFAELA ZAPATA, líder del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sector Salud en la Región Lagunera de Durango. Si el desabasto es cíclico y previsible, ¿por qué no se anticipan mecanismos de presión institucional antes de que el problema estalle en protestas públicas? ¿Dónde estuvo la interlocución firme y oportuna con las autoridades de la Secretaría de Salud? La base trabajadora denuncia carencias desde hace más de dos años. No se trata de un episodio aislado ni de una semana complicada. El deterioro acumulado en insumos, personal y equipo hospitalario habla de una gestión sindical que, en lugar de encabezar una defensa estructurada y constante de las condiciones laborales, parece reaccionar solo cuando la presión interna o el contexto político obligan. Y ahí entra el otro elemento señalado: el proceso electoral interno del sindicato. Reducir la protesta a un “trasfondo político” puede resultar conveniente para quienes buscan desactivar la inconformidad, pero también exhibe la fragilidad del liderazgo sindical. Cuando las demandas legítimas de trabajadores coinciden con tiempos electorales, el problema no es la protesta; el problema es que la representación gremial no haya logrado resolver antes lo que hoy explota en la vía pública.
III.- LA UNIDAD POR SI SOLA NO SURTE FARMACIAS
LA UNIDAD, POR SÍ SOLA, NO SURTE FARMACIAS ni repara autoclaves. La unidad no sustituye contratos cancelados ni compensa la falta de enfermeras. La unidad debe ser una herramienta para exigir con mayor fuerza, no un llamado a la paciencia indefinida. Si la dirigencia sindical quiere credibilidad, necesita demostrar resultados tangibles: mesas permanentes de seguimiento presupuestal, informes transparentes a la base, estrategias jurídicas cuando haya incumplimientos y presión institucional constante. De lo contrario, el discurso de cohesión termina pareciendo más una estrategia de contención política que una defensa real de los trabajadores y, por extensión, de los pacientes. PORQUE AL FINAL, EL DEBATE NO ES SI EL DESABASTO ES “NORMAL” O “EXTRAORDINARIO”. EL VERDADERO punto es si quienes representan al personal de salud están cumpliendo con su responsabilidad histórica: garantizar condiciones dignas para trabajar y, en consecuencia, una atención digna para la población de Gómez Palacio y la Región Lagunera. La unidad es necesaria. Pero sin liderazgo firme y autocrítica sindical, se convierte en una consigna vacía.
IV.- RECONOCE BETZABÉ DETERIORO DEL SISTEMA DE DRENAJE EN GÓMEZ PALACIO
DURANTE AÑOS, EL DRENAJE EN GÓMEZ PALACIO fue ese problema que todos padecían y pocos enfrentaban de fondo. Calles con brotes de aguas negras, registros colapsados, tapas inexistentes y un sistema rebasado se volvieron parte del paisaje urbano y, peor aún, del riesgo cotidiano para miles de familias. Hoy, la presidenta municipal BETZABÉ MARTÍNEZ ARANGO, ha decidido reconocer el tamaño del desafío y ponerlo en el centro de la agenda pública. El arranque del Plan Integral de Transformación Sanitaria (PITS) no es menor: implica una inversión inicial de 40 millones de pesos, el fortalecimiento operativo del Sistema Descentralizado de Agua Potable y Alcantarillado y una ampliación tangible de la capacidad de respuesta con más equipos Vactor, más vehículos y más cuadrillas. Las cifras hablan por sí solas: más de 15 mil reportes atendidos en apenas cinco meses evidencian no sólo eficiencia operativa, sino también la magnitud del rezago. El dato es contundente: el problema no nació ayer. Se incubó durante años de omisiones, malas decisiones técnicas —como tuberías de baja calidad— y falta de supervisión.
Sin embargo, el reto no es únicamente técnico ni presupuestal. También es cultural y legal. Cuando la alcaldesa habla de “poner orden” y frenar descargas irregulares, toca un punto sensible: el sistema sanitario no puede sostenerse si no existe corresponsabilidad ciudadana y aplicación firme de la ley.

