POR: JOSÉ GERD
Me escondo de los miedos,
en la noche obstinada de mi mirada
que dibuja en su cuaderno, la luz de su principio
y el "claro de su infinito".
Acumula el reflejo de su historia,
entre los tumbos de mi piel
y la alegría de mi llanto.
Lejos están,
mis labios adentrados en mi pecho
y la sed de mi alma,
envuelta entre cobijas de lana.
Camino zigzagueante,
entre praderas ávidas de poesía
y lunas inmersas en mi voz
adornando el vino conversado,
revoloteando mariposas multicolores,
perfumando y abonando, en la lluvia vaga
de la vida...
