Los gobernantes ilegítimos y los malos gobernantes usan el recurso ad hominem para evadir su responsabilidad de responder con verdad a los cuestionamientos, problemas y reclamos que les demandan ciudadanos, periodistas y comentaristas de la vida de la república.
Esos pseudo-gobernantes se la pasan evadiendo las preguntas y argumentos de muchos interesados en saber la verdad; se vuelven hipócritas, mentirosos, falsos y demagógicos, a sabiendas de que las mentiras dan flores, pero jamás darán frutos.
Descaradamente evaden su responsabilidad; es decir, se dan a la fuga: huida, escapada, escapatoria, escape, deserción o desaparición, con tal de no decir la verdad.
Ahora veamos en qué consiste el recurso ad hominem. Se da la falacia ad hominem (del latín “al hombre”) cuando se ataca a la persona que presenta un argumento en lugar de refutar el argumento en sí, atacando su carácter, reputación o circunstancias personales para desestimar su postura, aunque estas sean irrelevantes para la validez de su afirmación. Se desvía la atención del debate real mediante insultos o cuestionamientos personales, buscando desacreditar al oponente y evadir el tema central, siendo una táctica común en los gobiernos populistas de izquierda.
Las principales características son:
Desvío del argumento, pues se evita la confrontación lógica de las ideas.
Ataque personal, ya que se recurre a insultos o se cuestionan motivos, origen, moral, etc.
Uso de defectos personales, los cuales no invalidan un argumento lógicamente sólido.
Apelación a las emociones, buscando persuadir mediante prejuicios o sentimientos más que a través de la razón.
Existen varios tipos comunes:
Ad hominem abusivo: insulto directo al carácter del oponente (ej. “no puedes confiar en su opinión económica porque es un vago”).
Ad hominem circunstancial: sugiere que el argumento se basa únicamente en el interés propio del orador (ej. “claramente defiende eso porque le beneficia personalmente”).
Tu quoque (“tú también”): desacredita el argumento señalando que la persona es hipócrita o actúa de manera contraria a lo que predica (ej. “no me digas que deje de fumar si tú también fumaste”).
Un buen ejemplo es el siguiente:
Persona A: “Deberíamos invertir más en energías renovables porque reducen la contaminación y son más sostenibles.”
Persona B (falacia ad hominem): “No le hagas caso, es un ecologista radical y extremista; seguro que ni siquiera usa su coche.”
(Se ataca a la persona en lugar de refutar los beneficios de las energías renovables).
Todos los que pertenecen a Morena y a sus desgobiernos —desde el ámbito federal hasta los estados y municipios—, que están destruyendo la república y empobreciendo a los mexicanos, usan descaradamente este recurso.
La prueba más clara la tenemos en las mañaneras, donde la presidenta hace jactancia e hipocresía mediante insultos hacia quienes se atreven a cuestionar sus acciones y decisiones falsas y mentirosas.
Las consecuencias de utilizar el ad hominem por los gobiernos morenistas y su 4T como arma de evasión frente a los retos y cuestionamientos del país son la destrucción de la república, el fracaso económico, la corrupta impartición de justicia y el empobrecimiento del pueblo mexicano, entre otras calamidades. Usted, lector, dice la última palabra.
