POR: JUAN MANUEL ESQUIVEL RUEDA/
Doctorante en Alta Dirección
En el discurso empresarial actual, el término sostenibilidad se utiliza con frecuencia. Sin embargo, en la práctica, pocas organizaciones logran resultados sostenibles: es decir, rentabilidad, productividad y desempeño positivo de forma consistente en el tiempo, sin depender de esfuerzos extraordinarios, condiciones externas favorables o decisiones reactivas.
En regiones con alta dinámica económica como la Comarca Lagunera —Torreón, Gómez Palacio y Lerdo— este fenómeno es particularmente visible: empresas que crecen un año, se estancan al siguiente y retroceden después, aun cuando el mercado sigue ofreciendo oportunidades.
La pregunta relevante no es por qué las empresas no son sostenibles, sino qué está fallando en la base de su gestión.
¿Qué son realmente los resultados sostenibles?
Desde una perspectiva empresarial y estratégica, los resultados sostenibles no son un programa ni una certificación. Son una consecuencia.
Una empresa logra resultados sostenibles cuando:
- mantiene rentabilidad consistente,
- opera con productividad estable o creciente,
- absorbe cambios del entorno sin comprometer su viabilidad,
- y toma decisiones con una visión de largo plazo, no solo de supervivencia inmediata.
La sostenibilidad, en este sentido, no se implementa.
Se construye.
El dato duro: sostenibilidad y desempeño no son casualidad
La evidencia empírica es clara. Estudios de organismos como la OCDE y análisis de desempeño empresarial muestran que:
- Las empresas que realizan planeación estratégica formal basada en diagnóstico del entorno y análisis interno presentan mejoras de entre 20% y 30% en desempeño financiero y operativo frente a aquellas que no lo hacen.
- Al mismo tiempo, la literatura en gestión estratégica indica que hasta 90% de las organizaciones fracasan en la ejecución de su estrategia, no por falta de esfuerzo, sino por deficiencias en diagnóstico, enfoque y alineación.
Estos datos apuntan a una conclusión incómoda para muchas empresas:
la falta de sostenibilidad no es un problema externo, sino interno.
El origen del problema: diagnóstico deficiente o inexistente
La mayoría de las organizaciones no fracasan por ejecutar mal, sino por decidir mal desde el inicio.
Un mal diagnóstico estratégico implica:
- análisis superficial del entorno,
- desconocimiento de la dinámica competitiva,
- sobreestimación de capacidades internas,
- y decisiones basadas en intuición o experiencia pasada.
Cuando una empresa no analiza de forma estructurada:
- su entorno macro (factores económicos, regulatorios, tecnológicos, sociales),
- su entorno competitivo (clientes, proveedores, competidores),
- y su realidad interna (procesos, capacidades, cultura),
está planeando a ciegas.
Planeación deficiente: cuando el plan nace débil
Una planeación estratégica construida sobre un diagnóstico incorrecto produce:
- objetivos mal definidos,
- prioridades equivocadas,
- inversiones de bajo impacto,
- y estrategias que no responden al entorno real.
En estos casos, la organización puede ejecutar con disciplina, medir indicadores y exigir resultados… pero en la dirección equivocada.
Como suelo señalar en procesos de consultoría:
Gestionar bien una estrategia mal definida es ejecutar con disciplina una decisión equivocada.
Baja productividad: el síntoma operativo
Cuando el diagnóstico y la planeación fallan, la baja productividad aparece como consecuencia inevitable.
Datos del INEGI muestran que la productividad laboral en México ha crecido de forma limitada y heterogénea en los últimos años, lo que se refleja en:
- costos unitarios elevados,
- presión constante sobre márgenes,
- dificultad para escalar operaciones.
En muchas empresas, la baja productividad no se debe a falta de esfuerzo del personal, sino a:
- procesos mal diseñados,
- ausencia de indicadores útiles,
- retrabajos,
- decisiones reactivas.
La productividad no cae de un día para otro; se erosiona cuando la gestión carece de método.
Cultura organizacional: el amplificador silencioso
La cultura organizacional no corrige una mala estrategia, pero sí amplifica sus efectos.
En organizaciones con cultura reactiva es común observar:
- urgencia permanente,
- dependencia de personas clave,
- resistencia al análisis,
- y foco en el corto plazo.
Esta cultura puede sostener resultados de manera temporal, pero no es capaz de mantenerlos en el tiempo. El desgaste humano y operativo termina cobrando factura.
La sostenibilidad como efecto, no como punto de partida
Aquí es donde muchas empresas cometen el error conceptual más grave:
intentar “implantar sostenibilidad” sin corregir las causas que la hacen imposible.
La sostenibilidad aparece cuando están alineados:
- un diagnóstico estratégico riguroso,
- una planeación coherente con la realidad,
- una gestión enfocada en productividad,
- y una cultura organizacional que respalda la estrategia.
Cuando estos elementos existen, los resultados se sostienen.
Cuando no, cualquier resultado positivo es transitorio.
Un mensaje claro al empresariado de la Comarca Lagunera
La región enfrenta una etapa de mayor competencia, llegada de inversiones y presión sobre costos. En este contexto, las empresas locales no pueden depender solo de su historia, esfuerzo o intuición.
La verdadera ventaja competitiva hoy es gestionar con método.
Las empresas que:
- diagnostican correctamente,
- planean con rigor,
- ejecutan con disciplina,
- y miden lo que realmente importa,
son las que logran resultados sostenibles y permanecen competitivas.
