Una vez más, autoridades de los municipios que integran la zona metropolitana de La Laguna (Torreón y Matamoros en Coahuila; Gómez Palacio y Lerdo en Durango), buscan homologar los horarios en lo que se refiere a la venta de bebidas alcohólicas en esos cuatro municipios, un tema del que se ha hablado durante años sin que se haya logrado un consenso.
En esta ocasión, se habla de que en los próximos cien días podría darse el histórico acuerdo, aunque el optimismo con que se han pronunciado las autoridades de ambas entidades parece que tarde o temprano terminará de estrellarse con la realidad. Y es que para nadie es un secreto que, durante décadas, la vida nocturna de Gómez Palacio prácticamente empieza cuando se termina en Torreón, pues quienes buscan seguir la fiesta solo tienen que cruzar de una ciudad a otra para “seguirla” en los antros de Gómez Palacio hasta el amanecer.
En Torreón, la fiesta se termina a las 2 de la mañana, pero es de conocimiento popular que cruzando hacia territorio duranguense no hay horarios, y no solo en lo que se refiere a los antros, pues también la venta clandestina de alcohol continúa hasta altas horas de la madrugada, mientras la demanda continúe y los clientes no dejen de llegar, las puertas de estos lugares continúan abiertas ante la mirada complaciente de las autoridades.
Y es que para nadie es un secreto que en Gómez Palacio existe un grupo dedicado a negocios ilícitos que se encarga de la distribución y venta de alcohol, pues mantiene el monopolio de la venta de cerveza y nadie puede organizar un evento, ya sea baile o celebración, y comprar las bebidas con otro proveedor que no sean ellos, salvo sufrir las consecuencias.
Eso lo sabe todo mundo, que existen lugares donde, ante la complacencia -por decir lo menos- de las autoridades, el horario de venta de alcohol no es problema, y no importa si es pasada la media noche casi de cualquier día o domingo por la noche, cuando teóricamente ya no hay venta legal de alcohol, si se sabe a dónde y con quién acudir se puede comprar eso y más, claro, pagando el sobreprecio correspondiente, pues siempre lo que es ilegal es más caro, de ahí el jugoso negocio.
Algo parecido sucede con los antros y bares administrados por estos personajes. “Mario”, nombre ficticio, se ha desempeñado como Dj durante varios años, y en un par de ocasiones fue contratado para amenizar la noche en un conocido lugar ubicado sobre el bulevar Miguel Alemán. El acuerdo que firmó con el representante del lugar establecía que debía tocar cinco horas, pero lo extraño empezó cuando le pidieron llegar a las 11 de la noche, algo inusual, por lo menos en Torreón. Ese día, se llegó la media noche y el lugar lucía semi desierto, y fue hasta pasadas las 12 que empezó a llegar gente.
A las 4 de la mañana, hora en que terminaba su contrato, seguían ingresando clientes al lugar, que ya lucía casi completamente lleno. “Mario”, le hizo saber la gerente del bar que su tiempo había terminado, pero solo recibió por respuesta un “no te puedes ir”, y en contra de su voluntad tuvo que seguir complaciendo a los presentes con narco corridos y todo aquello que le pidieran. A las 6 de la mañana, se negó definitivamente a seguir tocando, aunque todavía había gente en el bar, algunos de ellos, dice, con pinta de ser gente dedicada a los negocios de alto riesgo. Después de esa noche, jamás ha vuelto a trabajar en Gómez Palacio.
Algo parecido le pasó a “Juan” -también nombre ficticio- chofer de transporte por aplicación, quien relata que una madrugada, llevó un viaje a Gómez Palacio, y para aprovechar la vuelta decidió tomar otro viaje para regresarse con pasajero a Torreón: “iba ser el último, de ahí pensaba irme a mi casa a descansar”. Sin embargo, dos cuadras antes de llegar a recoger a su cliente fue interceptado por dos camionetas de color blanco. “Juan” sabía perfectamente que no eran policías, a pesar de andar uniformados, por lo que no opuso resistencia cuando lo bajaron de su unidad para revisarlo, pero la cosa no acabo ahí. Lo subieron a una camioneta, donde lo interrogaron y lo golpearon hasta el amanecer, aun y cuando les demostró que lo único que estaba haciendo era ganarse el pan para su familia. Con los primeros rayos del sol lo soltaron, no sin antes sacar de su cartera el dinero que había ganado esa noche. “Juan” tampoco regresó a Gómez Palacio a trabajar jamás.
Historias como las anteriores se repiten, una y otra vez, más allá de la frontera del río Nazas. Es loable que las autoridades quieran homologar los reglamentos de alcoholes, pero quién se va a sentar en la mesa a negociar con quienes realmente controlan la distribución y venta de alcohol en la comarca lagunera de Durango, entre otras actividades ilícitas ya descritas anteriormente, esa es la verdadera pregunta.

