Torreon, Coah.
Edición:
12-Ene-2026
Año
22
Número:
977
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Trump vs. Maduro; crónica de una captura anunciada

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Por:
Redacción
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09-01-2026
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Edición:
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Nicolás Maduro Moro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, probablemente nunca se imaginó que pasaría, en menos de 24 horas, de jefe del estado venezolano a ser presentado ante una corte norteamericana como acusado por presuntamente conspirar para introducir drogas hacia el país norteamericano.

El gobierno de Donald Trump había ofrecido una recompensa de hasta 50 millones de dólares a quien colaborara para entregar al dictador sudamericano, quien se hizo viral por aquel video donde reta al gobierno norteamericano a que “fueran por él”, envalentonado porque desde el 2013, año en que llegó al poder tras la muerte de Hugo Chávez, nadie se había atrevido a meterse con él.

Finalmente, en un episodio sin precedentes en la historia moderna, el presidente Trump dio la orden para que más de 200 elementos de élite del ejército norteamericano invadieran suelo venezolano y, en una franca violación al derecho internacional, extrajeran a Nicolás Maduro junto con su esposa Cilia Flores de su residencia en Caracas, en una operación en la murieron 24 oficiales de seguridad venezolanos y 32 militares y policías cubanos desplegados en Venezuela.

El defenestrado líder venezolano se había convertido en el objetivo principal del gobierno de Trump, pero no para finalizar con años de corrupción, enriquecimiento ilícito, represión y opresión del pueblo venezolano, sino por el petróleo, principal recurso del país sudamericano que el mismo Trump, aceptó, fue la razón principal para hacer a Maduro a un lado por la fuerza. Y es que Venezuela tiene las reservas petroleras más grandes del mundo, aunque la capacidad de producción del país sudamericano es ínfima, las grandes petroleras norteamericanas ya negocian acuerdos para saquear y aprovecharse de los recursos naturales de Venezuela.

Y es que a Trump y a su gobierno no les interesaba en lo más mínimo un cambio de régimen venezolano, pues la estructura del gobierno de Maduro quedó intacta, es más, su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, fue nombrada presidenta encargada ante la ausencia del jefe de estado, y será ella la responsable de abrirle las puertas de su país a las petroleras norteamericanas para explotar el crudo venezolano, cuyo principal destino eran países contrarios a los intereses de EU, entre ellos Cuba, Rusia y China, aliados del defenestrado líder del chavismo. De tal manera que, la libertad al estilo estadounidense llega siempre a aquellos países donde pesan más los intereses económicos y políticos, como ha sucedido en las últimas guerras iniciadas por el país de las barras y las estrellas: libertad envuelta en consumismo.

Pero si ya es escandaloso que el presidente de la nación más poderosa del mundo acepte que sus intereses y motivaciones son adjudicarse una nación para explotarla a su antojo, secuestrando y luego juzgando a un jefe de estado en lo que bien puede considerarse un acto de guerra, es igual de escandaloso que si bien la comunidad internacional condenó el hecho, incluyendo la presidenta Claudia Sheinbaum, la realidad es que poco más que eso sucederá.

Es cierto, entre la comunidad internacional Maduro era considerado un sátrapa, pero seguía siendo un jefe de estado, con todo lo que ello implica, y su extracción ilegal violó flagrantemente el derecho internacional, y nadie, absolutamente nadie, ni siquiera el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que una vez más demostró que sirve para dos cosas, tuvo los arrestos para por lo menos cuestionar las decisiones de Trump, el bully de América, que envalentonado y soberbio como es, ha comprobado que puede hacer lo que se le antoje sin consecuencia alguna.

Lo que sucedió en Venezuela fue, simbólicamente, una conquista, una confirmación del imperialismo yanqui que, en voz del propio vicepresidente JD Vance, tuvo como fin principal que los norteamericanos, principalmente los más ricos, podrán beneficiarse de explotar los recursos de Venezuela. El problema es que, ahora que sabe que nadie se enfrenta a sus afanes expansionistas, Trump vuelve a la carga y mira ahora hacia el norte, e insiste en la necesidad de anexionarse Groenlandia, un territorio danés autónomo que el bully de América anhela por “razones de seguridad”, y aunque la posibilidad de que eso suceda es remota, teniendo en cuenta que Dinamarca no es Venezuela y que ambas naciones, Dinamarca y EU, son miembros de la OTAN, en el lejano caso de que otra vez se saliera con la suya la pregunta que todo mundo se haría, es: ¿Quién detiene a Donald Trump?

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