Una señora organiza una elegante cena para cien invitados.
Cuando termina el ágape, orgullosa, da instrucciones al mayordomo:
— Avise a los invitados de que después de los postres tocaré el piano para ellos.
El mayordomo hace una reverencia y se va, pero regresa al cabo de pocos minutos.
— ¿Ya has avisado a los invitados?
— Sí, señora.
— ¿Y qué han dicho?
— ¡¡¡Que no tomarán postre, señora!!!
