AUTOR: JOSÉ GERD
PAÍS: MÉXICO
La vejez me ha sorprendido,
con la piel herida y el alma rota,
no supe guardar
cuando el pájaro cantaba
ni proteger del frío
lo que era mío.
El camino recorrido,
me ha llevado al otoño
en este lugar,
donde en ocasiones me siento solo,
y sin fuerzas para avanzar.
La nostalgia me invade,
como la escritura de estas letras al rebotar en el papel,
al recordar lo que pudo ser
en la luz de mi alma
y a la sombra de un pirul ;
hubiera sido sabio
en la astilla que alguna vez se me clavo
y hubiera guardado bajo el lecho del río
la mansa mirada de un amor,
adornando con claveles,
la tristeza de la noche que en ese momento se quedó.
Pero ya es tarde,
hoy solo me queda, el recuerdo
de la música que se detiene,
la poesía que se derrite,
del verso callado
y sin olor,
de lo que pudo haber sido,
si hubiese alzado mis ojos
pidiendo un milagro al creador.
Me siento en el camino
para tomar fuerzas y seguir,
pero el peso de la rama
me hace dudar de mi destino,
el arcoíris anteriormente de colores
hoy se ve de grises y raspones,
quiero seguir pintando
con rojos y amarillos mi corcel,
que tome un trote sin heridas,
sin penas acumuladas
y lienzos de oropel.
Aun así, seguiré adelante,
con la esperanza de encontrar
paz y tranquilidad
en este último tramo del camino,
haré mi último esfuerzo
con galanura y sobriedad,
daré dos tres cachetadas al destino
y continuaré mi camino.
La memoria me juega trucos
y de cuando en cuando
me hace recordar,
momentos felices y tristes,
jamás diré me rindo,
antes de lo que pueda imaginar;
si mi vida dependiera del amor,
sería un hombre que jamás moriría
La soledad es mi compañera,
y el silencio es mi amigo,
pero en el fondo de mi corazón,
aún late un poco de esperanza;
un suspiro profundo
sale de mi pecho cansado,
y me hace preguntar,
sí valió la pena el camino recorrido.
Y aunque la respuesta no llega,
solo me queda seguir,
con la fe en que algo mejor,
me espera en el horizonte...