Torreon, Coah.
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26-Feb-2024
Año
21
Número:
895
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COMENTARIOS AL RAS / 832


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Comentarios Al Ras
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20-08-2022
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NULOS AVANCES EN LA ADMINISTRACIÓN DE -SE ENREDA- PERDÓN, CEPEDA -SE ENREDA- PERDÓN, CEPEDA

Regresé de unas breves vacaciones solo para enterarme de algunas marranadas del alcalde Román –se enreda- perdón, Cepeda.

Por ejemplo, curiosamente, después de que los anteriores gobiernos municipales habían mantenido a raya e incluso, llegaron a ganarle un amparo a la empresa Ecoagua, resulta que, en menos de seis meses, la frauduolenta empresa, gana un amparo definitivo al Municipio de Torreón, lo que significará, el desembolso de cerca de 600 millones de pesos por parte del Municipio para cumplir con el laudo. Y aquí viene lo interesante. ¿Hubo concertación entre la empresa y Román –se enreda- perdón, Cepeda, para permitir que la empresa ganara a cambio de un moche? Total, el dinero no es de él, por lo que se puede presumir la indolencia a la hora de la defensa a cambio del favor. Porque además en sus delirios de grandeza, Román –se enreda- perdón, Cepeda, cree que puede ser candidato a la gubernatura y, con ello, dejaría hundido el barco (Torreón), aunque no tenga ni la más mínima posibilidad de obtener la candidatura y, por ende, nunca ser gobernador.

Aunque el marrullero alcalde se llena la boca cada vez que platica con propios y extraños, diciendo que él, a pesar del PRI y, sobre todo, a pesar de Shamir Fernández, quien fuera el operador de su campaña, él pudo ganar, gracias a sus amigos y gente bien de las colonias más ricas de Torreón. Que él, con el Gobernador o sin él, llegará a la candidatura por la gubernatura, porque él pactó con los fifís, empresarios y aliados, que la alcaldía, solo sería un escalón para pegarle a la grande.

La animadversión de –se enreda- perdón, Cepeda, contra Shamir, llegó hasta la amenaza al Gobernador, de irse a otro partido si Shamir llegaba a presidir el Comité Municipal del PRI de Torreón, por eso, aunque ya estaba decidido que iba a ser Shamir, se apresuró el cambio e impusieron a Verónica Martínez, en un acelerado y accidentado proceso, en el que, el último en enterarse del cambio de jugada, fue el Diputado Federal.

Eso y otros desaires, explican el encabronamiento de Shamir, que lo llevó a presentar su renuncia al PRI, el jueves pasado. Y, a pesar de que enderezó las baterías sobre las causas de su renuncia contra el dirigente nacional “Alito” Moreno y la mafia que lo rodea, sabemos que fue Román –se enreda- perdón, Cepeda, el del todo el asunto.

 Así lo dijo Shamir en su renuncia: “Estoy plenamente convencido que la política es un instrumento para servir y por ello tomé la decisión de dedicar mi vida a esto porque los principios e ideales del PRI eran los mejores de ahí que durante más de 25 años construí mi historia con el PRI, siendo un militante aguerrido, comprometido y muy institucional siempre defendiendo y en todo momento las nobles causas, los principios y valores que inspiraron la creación del Partido”.

Y es que, después de ser un operador efectivo y eficaz, nunca tuvo la oportunidad de llegar a la Presidencia de Torreón y, cuando más cerca estuvo, el pirrurris de –se enreda- perdón, Cepeda, se le atravezó y amenazó con lanzarse por otro partido, y ¿qué creen? Que se la creyeron, a sabiendas de que no cuenta con un mínimo de capital político. ¡Ah! Pero Román es Román. Es el trepador, el oportunista, el último de los junior que explotaron el apellido del abuelo, el marrullero que en toda su carrera legislativa y administrativa, nunca ha entregado, impulsado o desarrollado algo sobresaliente, algo que lo recuerde la gente como innovador, como inteligente y como honesto. ¡Ah!, porque quienes lo conocemos, sabemos y tenemos testigos, de que cuando estuvo en el sector agropecuario –dos veces por el lado de la federación y dos por el Estado-, el tipo pedía moches a los productores y se aprovechaba de los recursos que tenía que entregar, para reconstruir su rancho, el mismo que pasó de estar en ruinas, a ser casi un edén al día de hoy. El tipo es un ventajista, miserable, que no es capaz de invitarte un almuerzo pagado con su dinero. Es, en pocas palabras, ¡UN SINVERGÜENZA!

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