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20-May-2024
Año
21
Número:
905
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COMENTARIOS AL RAS / 808


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12-12-2021
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MORENA PERDERÁ EN 2024

La semana pasada, apareció en su Periódico “Reforma”, esta columna, firmada por Jorge Suárez-Vélez, que contiene puntos de vista y precisiones que he tenido y escrito en este mismo espacio. Vale la pena, regresar a ellos.

 

Morena perderá en 2024

Jorge Suárez-Vélez en REFORMA

La segunda mitad de este sexenio será muy diferente a la primera. Siempre lo son. Esta vez no será la excepción. El aura de invencibilidad que AMLO quiere proyectar comprando masivas manifestaciones de apoyo en el Zócalo es más una demostración de debilidad que de fuerza. Es como el animal que ruge y muestra sus colmillos más para evitar una confrontación que para provocarla. El Presidente anhela una sucesión priista, pero sin PRI. Morena no tiene la disciplina, carece de las formas que se respetaban tras décadas de comprobar que acatarlas optimizaba el resultado colectivo. Pronto se verán las cuarteaduras. Conforme sea evidente qué bandos resultarán favorecidos, los que no lo sean boicotearán, traicionarán, agredirán. El fuego amigo será más cruel que el del rival.

López Obrador parece creer que a su partido le basta con el voto de sus seguidores más devotos. Tarde o temprano comprobará el error de despreciar a las clases medias y atacar a bastiones de su movimiento, como lo fueron la comunidad científica, la UNAM, el CIDE, otras universidades públicas y tantos grupos que le manifestaron lealtad y hasta refutaron la evidencia. Como le pasó a Arturo Herrera, otros constatarán que el love affair con el Presidente es un camino de ida sin vuelta.

Más de 600 mil muertos por el Covid acabarán pesando, como lo harán más de 100 mil asesinatos dolosos, feminicidios, 5 millones de nuevos pobres, 15 millones perdiendo servicios de salud, la sucesión de escándalos de corrupción cada vez más cerca del Presidente, las asignaciones directas, la militarización, las obras inconclusas, las finanzas públicas deterioradas, la falta de crecimiento, el desplome de la inversión, la inflación, el desempleo y el agreste trayecto que hemos emprendido hacia el empobrecimiento generalizado.

En su discurso de mitad de sexenio, AMLO ya ni intentó dar otros datos. La realidad se aleja rápido de sus febriles fantasías. Prefirió hablar de cambiar consciencias y culpar a los conservadores; mejor hablar del pasado que de un futuro que augura poco y malo. Como siempre, mintió sin ambages, sin pudor.

Su popularidad no es transitiva. No importa cuánto exhiba y apoye a Claudia Sheinbaum, su candidata será débil. Su llegada al poder sería alarmante. A diferencia de AMLO, un populista, nacionalista, propenso a políticas erráticas que caben en un amplio espectro ideológico, ella sí es de izquierda. Les abriría las puertas de palacio a tantos que ni se enteraron de que cayó el Muro de Berlín y que siguen defendiendo la magra “prosperidad” cubana. Ella es un peligro para México distinto.

La oposición es menos débil de lo que aparenta. No es menor la posibilidad de una amplia alianza opositora. Si se logra alta participación electoral y se convoca a los jóvenes, Morena es totalmente vencible. Recordemos que en la elección pasada ganó en muy pocas ciudades con más de medio millón de habitantes. López Obrador lo sabe, y acelerará su atropello autoritario conforme el deterioro de su “Cuarta Transformación” se haga manifiesto.

Por ello, el mayor reto que enfrentamos es la tentación del Presidente de aprovechar su popularidad, su mayoría legislativa, su control de la narrativa y de los medios, y su capacidad de movilización popular para asestarle un golpe de muerte al INE y demoler la imparcialidad del árbitro. Es ahí donde la toxicidad de su narrativa anti conservadores y neoliberales es más peligrosa. Ante la “atroz amenaza” de que éstos regresen al poder, la trampa electoral se vuelve disculpable. El fin justifica los medios. Como decía el cacique Gonzalo Santos: “en política, la moral es un árbol que da moras”.

No hay línea roja más importante que esa en lo que resta del sexenio. El rumbo se debe definir en las urnas y ahí también se corrigen los errores. Tenemos que prepararnos para defenderla. Sabemos que no lo harán los medios. Las cúpulas empresariales reaccionarán, ante tan existencial amenaza, con todo el fervor de... un desplegado.

La buena noticia es que es ciertamente posible que Morena pierda la próxima elección presidencial. La mala es que mientras más factible sea ese destino, mayor será la tentación de socavar al árbitro.

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