Torreon, Coah.
Edición:
08-Abr-2024
Año
21
Número:
899
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EL CHILE Y EL PREMIO NOBEL / 800


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Por:
Sin Censura
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15-10-2021
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Edición:

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POR: MIGUEL ÁNGEL SAUCEDO L.

La obtención, muy merecida, por cierto, del premio Nobel de Medicina por parte de los investigadores David Julius y Ardem Patapoutian por su descubrimiento de los receptores de la temperatura y el tacto en el cuerpo humano vuelve a poner en la mesa lo mucho que ignoramos acerca de nosotros mismos, particularmente sobre nuestra corporalidad y su indisoluble vínculo con los otros dos componentes de nuestra naturaleza, la psíquica y la social.

Hasta antes de este descubrimiento solamente se conocían las moléculas involucradas en el sentido de la visión, es decir, en la recepción de los estímulos visuales y su conversión en impulsos eléctricos enviados luego al cerebro para que este haga la magia de transformarlos en imágenes que, necesariamente, requerirán de la información previamente almacenada en la memoria para darles sentido. Nuestro carácter social es lo que nos permite darle ese sentido, y no otro, por el papel que juega en cada uno de nosotros la cultura.

Algo similar podría decirse acerca de la información que nos aportan Julius y Patapoutian respecto a cómo es que percibimos la temperatura y el tacto y, sobre todo, las representaciones mentales que generamos ante tales estímulos. Julius experimentó con la capsaicina, componente del chile que genera calor y ardor en el sentido del gusto debido a procesos físico-químicos que son procesadas por nuestros cerebros según la cultura de la que formemos parte. La mejor muestra de que la cultura es determinante en las representaciones sociales, incluso en torno a estos descubrimientos consiste en la reacción de los industriales farmacéuticos frotándose las manos ante la enorme oportunidad de negocios que ello les significa.  Es la cultura de la salud como negocio.

Patapoutian, por su parte, nos abre la oportunidad de conocer la química corporal que hay detrás de los contactos físicos, esos tan escasos desde que iniciamos la interminable cuarentena. Conocimientos que, a su vez, posibilitarán comprender de mejor manera la interacción entre esos tres subsistemas (corporal, psíquico y social) que en conjunto conforman el sistema ser social. Base biológica, naturaleza sígnica y la cultura que nos permite construir el sentido de lo que, de por sí no lo tiene.

El Nobel mismo es la representación del éxito, el máximo galardón a que puede aspirar quien se dedica, en este caso, a la investigación en ciencias médicas. Desde ahí se trazan las directrices que deberán seguir las subsiguientes investigaciones al orientar las inversiones o patrocinios económicos en dirección a la satisfacción de necesidades humanas sí, pero pasando por la obtención de la rentabilidad.  Como quiera, hace falta complementar las investigaciones que en términos de ciencias sociales nos permitan explicar la conducta humana, con sus correspondientes instituciones, a partir de la permanente interacción de los tres subsistemas arriba mencionados.

En ese sentido las llamadas ciencias cognitivas siguen haciendo aportaciones interesantes, precisamente porque son capaces de comprender que la inteligencia no se concentra en el cerebro, sino que está distribuida en el cuerpo y, además, en el cúmulo de relaciones sociales de las que cada uno formamos parte. Los descubrimientos de Julius y Patapoutian descansan sobre la base de que los seres humanos necesitamos apreciar temperatura, tacto y movimiento porque son cruciales en nuestro permanente proceso de adaptación al entorno que no sólo necesitamos ver sino también sentir. No se trata solo de percibir calor sino de distinguir entre diferentes tipos de calos, al igual de los diferentes tipos de superficies que percibimos a través del tacto. Habrá consecuencias en la forma de relacionarnos con los demás porque ellos también son parte del entorno.

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