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Edición:
17-Jun-2024
Año
21
Número:
909
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El regreso a la normalidad / 742


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Por:
EduardoGranados
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09-05-2020
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Edición:

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POR: EDUARDO GRANADOS PALMA

Analista internacional en

Seguridad Pública,

 Inteligencia y Defensa.

www.grapesa.com

“No me toques”, según Juan 20,17, es lo que Jesús le dijo a María Magdalena cuando ella lo reconoció después de su resurrección. Nada volverá a ser como antes. El coronavirus supone un antes y un después. El mundo va a cambiar. Va a cambiar radicalmente. Fin de época. Punto de inflexión. Se avecina un nuevo tiempo con nuevas reglas. Nada será igual. Adiós al mundo tal como lo conocíamos. Bienvenidos al futuro. Después de esta crisis de salud, pasaremos a un nuevo entorno que aún no conocemos. Hoy en día, sin embargo, en mitad de la pandemia de coronavirus, a todos se nos bombardea precisamente con llamamientos a no tocar a los demás, sino a aislarnos, a mantener una distancia corporal adecuada. ¿Cuál es el significado de esta prohibición de “no me toques”? Las manos no pueden acercarse a la otra persona; sólo desde el interior podemos acercarnos unos a otros, y la ventana hacia el interior son nuestros ojos. Durante estos días, cuando te encuentras con una persona cercana a ti (o incluso con un desconocido) y mantienes la distancia adecuada, una profunda mirada a los ojos del otro puede revelar algo más que un contacto íntimo. Este es un momento de ruptura histórica como pocos que ha visto la humanidad y lo que nos espera no lo conocemos en ningún ámbito, incluyendo la economía y los mercados. En el ámbito de la salud, estamos viendo cómo los gobiernos están imponiendo medidas restrictivas de la libertad y otros derechos que nunca habíamos visto, ni en épocas de grandes guerras. Por el lado de la economía, gran parte de los países también están reaccionando de manera especialmente agresiva y con programas sin precedente, pero estamos por ver un golpe económico como nunca lo hemos visto. Especialmente en la mayoría de los países pobres y en desarrollo, el golpe económico matará a muchas más personas que el virus. Supongo que una vez que pase la urgencia extrema, aún cuando de momento ya se producen cambios que pueden ser irreversibles, tendremos que encontrar un equilibrio entre dos tareas simétricas y necesarias por igual: empujar hacia el futuro sin soltar la cuerda del pasado. Dedicar tanta energía a crear un mundo nuevo como a conservar todo lo que queremos salvar del “viejo mundo” y que hoy está amenazado. Con tanto entusiasmo por saludar la nueva época se nos olvida que venimos de un tiempo de profunda incertidumbre, y esta no ha hecho más que agudizarse en esta crisis: si hasta hace unos días no éramos capaces de pensar nuestras vidas a un año vista, de pronto no sabemos qué será de nosotros la semana que viene. Y la emoción dominante hoy, pese a tanto arcoíris en los balcones, seguramente es el miedo. Antes de soñar el futuro necesitamos asegurar el presente, en términos de supervivencia en muchos casos. No sea que corramos tan deprisa hacia el nuevo mundo, que al mirar atrás descubramos que nadie nos sigue. Y ahora como perversa broma del destino, se nos presenta mediáticamente que una vez pasando la crisis del coronavirus debemos prepararnos frente a la nueva amenaza, los avispones gigantes asesinos.

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