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17-Jun-2024
Año
21
Número:
909
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NADA PERSONAL / 729


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Por:
Sin Censura
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25-01-2020
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POR: DANIELA CAROS ORDAZ

Todos, a lo largo de nuestra vida, hemos escuchado un sin fin de historias. Muchas de ellas, con una moraleja de trasfondo.

Cuando era niña, mis abuelos, solían sentarse en la terraza de la casa y empezaban a contar historias de su niñez, o de su juventud, haciendo énfasis en lo difícil, divertida, o amarga que fue. Esto para darme al final de toda la prosa, una verdadera lección.

En esas historias, nunca escuché que mis abuelos se quejaran de que “fulano” me tenía tirria, no me quería, o que “perengana” me hacía cosas, siempre me tuvo envidia.

Hoy en día, todo gira en torno al “es que tiene algo personal conmigo”. Como si todo el universo girara en torno a nosotros.

Si vamos tarde al trabajo y el automóvil que va delante nuestro, no va rápido, empezamos a enfadarnos y a despotricar en contra de la persona que va conduciendo, afirmando, que por culpa suya, llegaremos tarde.

Si un compañero de trabajo hace una expresión o mueca con la cara, inmediatamente pensamos que es referente a nosotros, y hasta nos quebramos la cabeza pensando: ¿qué habremos hecho para que se comportara de esa manera?

Y qué decir cuando hay verdaderas rencillas, ahí si es “todo lo que digas será usado en tu contra”. Cualquier acto cometido por la otra persona será tomado como una agresión con el afán de dañar directamente a la pobre víctima.

Nos quejamos del victimismo, ah pero como nos gusta sentarnos a descansar en ese lugar, tirarnos al piso y esperar que alguien venga a recoger nuestros pedazos ya deshechos. Al ser humano le encanta el sufrimiento por naturaleza, y si es por causa de lo que otros me dicen o hacen, más lo disfruta. Tenemos malos hábitos de comunicación y convivencia social, así como de salud mental y emocional.

Todo esto, desemboca en una falta de seguridad en nosotros mismos, dudando en todo momento de nuestras desiciones y dependiendo de la opinión, y actos de terceros; así como un egoísmo atroz, por pensar que todo gira a nuestro alrededor. Pensando que todo lo que los demás hacen es por causa nuestra. El astro rey se queda corto.

Nuestra autoestima, quebrantada y poco alimentada, da pie a que creamos que si alguien me dice algo sobre mi persona, sabe más de mi, que yo mismo, y en este afán de demostrar que no es así, caemos en un juego y lucha interminables.

No pidamos que los demás nos hablen con la verdad, cuando ellos se mienten a si mismos. Somos presas de los comentarios y percepciones de otros, cuando las únicas opiniones que deberían importar son las nuestras.

Dice el Libro “Los Cuatro Acuerdos” de Miguel Ruíz: “No te tomes nada de manera personal. Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Quien te ofende tiene un veneno que descarga contra ti por no saber cómo deshacerse de él. Pero el problema es de él y no tuyo.”

Cuando el no tomarnos  nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, evitaremos muchos disgustos en la vida. La rabia, los celos  y la envidia desaparecerán, y si no nos tomamos nada personalmente, incluso la tristeza desaparecerá.

Y para qué son las alas, sino más que para volar...

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