Torreon, Coah.
Edición:
20-May-2024
Año
21
Número:
905
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LOS GRANDES PENDIENTES / 714


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Por:
Samuel Cepeda Tovar
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14-09-2019
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Edición:

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POR: SAMUEL CEPEDA TOVAR

http://enfoqueanalitico.blogspot.com

Los logros son evidentes, las cifras son reales. El informe del presidente fue el cierre de una triada de mensajes al pueblo que rompieron con el tradicional esquema comunicativo de interacción gobierno-sociedad anual que durante sexenios los presidentes emitieron al pueblo mexicano. Se presumieron avances, pero sigue habiendo pendientes tan grandes y lacerantes para nuestra nación que siguen generando un ambiente de estancamiento que de pronto es minimizado por el mismo gobierno y que lo hacen parecer un mitómano que se miente a sí mismo y proyecta una realidad que solo él quiere ver. Es cierto que los gobiernos neoliberales lastimaron tanto a México y no solo no solucionaron los grandes problemas de la pobreza, la educación, la desigualdad, la violencia y la corrupción, sino que los potenciaron y los volvieron tan endémicos que de pronto no se entendía México sin esos males perniciosos inherentes a su propia existencia. La idea de romper con el pasado de tajo, la pretensión de marcar una larga línea que funcione como parteaguas del mal contra el bien, de la ignominia contra la grandeza ha sido el pecado de la cuarta transformación. Había siete millones de jóvenes que no estudiaban ni trabajaban, la respuesta inmediata del gobierno fue rescatarlos a como diera lugar y pagarles ahora como aprendices. Millones de jóvenes no continuaban sus estudios por falta de recursos; y la respuesta fue becarlos a todos, pero no todos necesitan ser becados, así como no todos quieren trabajar como aprendices. Pero el apoyo no discriminó, no fue planeado, no fue racional porque fue una respuesta emocional ante un pueblo vapuleado y dolido, y esa falta de planeación ha hecho que el programa se suspenda temporalmente porque sus defectos de origen brotaron inexorablemente. Otro mal dolía; el mal del despilfarro, del uso y abuso de recursos gubernamentales, y para ello, la respuesta fue la austeridad, pero otra vez mal planeada, porque fue tan intempestiva que cortó suministros necesarios para enfermos urgidos de medicamentos, nuevamente la idea de romper “a la de ya” con el pasado ha causado estragos no previstos y que lastiman la imagen de gobierno del cambio. De la misma manera se abrieron universidades nuevas, para atender a quienes las políticas neoliberales marginaron, pero han terminado sin recursos, operando por gracia proveniente de quién sabe dónde. Luego las cifras de la violencia irrumpen en el escenario público y nos dicen que cada vez estamos peor, y es perfectamente entendible, porque la violencia viene repuntando desde los gobierno panistas, y ninguna política pública tiene efectos tan inmediatos y menos si se trata de temas tan delicados como la seguridad; pero el gobierno comete el error de minimizar la violencia y decir que no es tan grave, para marcar una diferencia en donde es imposible hablar de distanciamiento, y no por ineptitud del actual gobierno, sino porque las escaladas son naturales cuando se trata de problemas sociales. Si, hay avances, pero hay grandes pendientes como la seguridad y la planeación de las políticas de desarrollo social. El presidente debe abandonar la idea del cambio radical, de pronto pareciera que lleva una carrera contra el tiempo, quizá contra su misma boca que prometió someter a votación su permanencia en el poder, tal vez teme que llegue el momento de esa consulta popular y los males que juró desterrar sigan ahí. A Juárez le tomó 10 años transformar México y desterrar a la Iglesia del poder, el presidente debe saberlo, porque lo cita frecuentemente. México, puede cambiar, pero no en un año y mucho menos con políticas mal planeadas bajo el estigma del rompimiento con el pasado.

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