Torreon, Coah.
Edición:
20-May-2024
Año
21
Número:
905
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FORMADORES / 702


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Por:
Samuel Cepeda Tovar
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18-05-2019
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Edición:

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POR: SAMUEL CEPEDA TOVAR

http://enfoqueanalitico.blogspot.com

En la docencia, como en la vida, de todo hay. Existen maestros que con su proceder ponen en alto la labor de la docencia, mientras que otros, son los culpables de las deficiencias del sistema educativo en nuestro país. Existen los responsables y que cumplen sus labores a cabalidad, pero también los que buscan y usan cualquier excusa para no hacer su trabajo; existen los que nunca dejan de prepararse y continúan formándose, mientras que están los que buscan evadir hasta el mínimo curso de tres horas. Están los que respetan las instituciones y las reglas, y están también algunos nefastos que lastiman las normas institucionales privilegiando sus intereses personales. Sin importar las características, preparación, grado académico, aptitud o actitud de los docentes, sin duda alguna todos somos formadores, pues la docencia no solo se trata de transmitir conocimientos sobre una determinada asignatura, sino que el proceder en el aula de un docente es un claro acto de formación que deja huella más allá de la pedagogía tradicional. Muchos alumnos me han abordado y me han reclamado sobre un docente en particular que siempre llega tarde, y esa actitud ellos intentan emularla en otros clases con consecuencias para ellos, y es que han aprendido que es normal, común y hasta convencional llegar tarde, por ello es que la tarea de quienes nos dedicamos a esta noble profesión, debe ser siempre pensando en que el cumplimiento y respeto a las normas es el mejor ejemplo para formar a estos alumnos como ciudadanos con características y valores cívicos sólidos y ejemplares. Siempre se ha dicho que la profesión de los docentes, es la madre de la demás profesiones, porque la primera es la que forma a todas las demás, y eso es cierto, por ello, la importancia de que los docentes tomemos en serio y con mucha responsabilidad la tarea de la educación, no obstante, más allá de ser la educación pionera en formación, se debe tener siempre en cuenta que la idea esencial es formar buenos ciudadanos, ese es el fin último de la educación, pues estamos construyendo el capital social del futuro. Dewey, filósofo estadounidense e influente ícono de la educación en aquella nación, afirma que: “al dirigir las actividades de la juventud, la sociedad determina su propio futuro determinando el de los jóvenes. Puesto que el que es joven en un momento dado constituirá en días posteriores la sociedad de ese período, la naturaleza de ella dependerá en gran parte de la dirección que se dé a las actividades del niño en un período anterior. Este movimiento acumulado de acción hacia un resultado ulterior es lo que se entiende por crecimiento”. Por ello, el crecimiento de un país depende de la educación y de la formación de buenos ciudadanos. Por ello, si queremos ciudadanos que respeten los semáforos, los señalamientos de vialidad, que no tiren basura, que sean puntuales, que respeten los derechos de los demás, debemos ser docentes puntuales, que recojamos basura cuando la encontremos, que respetemos las normas de las instituciones en donde trabajamos, que permitamos que los alumnos nos cuestionen o estén en desacuerdo con nosotros. De pronto se ha perdido el fin último de la educación y nos hemos desarrollado en un sistema mecánico basado en evaluar aprendizajes académicos sin desarrollar actividades democráticas y formativas en el sentido cívico para educar bien a los próximos ciudadanos de este país. Urge enmendar el camino y educar en ciudadanía, urge formar con el ejemplo y con ello abonar al fortalecimiento de nuestra democracia.

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