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Edición:
19-Feb-2024
Año
20
Número:
894
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EL ÍMPETU DE UN TITÁN / 689


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Por:
Sin Censura
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02-02-2019
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POR: GUILLERMO OROZCO R.

Nunca en la historia de México,  se había tenido un presidente de la República tan lleno de situaciones adversas, diatribas, difamaciones y obstáculos para el desempeño de su encomienda, pero también tan lleno de aceptación popular.

A pesar de que AMLO obtuvo  más de 30 millones de votos,  es fácil suponer que fueron todavía más, pues es imposible que el sistema neoliberal en agonía, no se haya atrevido a rellenar urnas o alterar actas donde tuvieron oportunidad.

Ni siquiera Benito Juárez fue tan atacado y difamado por la élite clerical y la  casta divina de su época. De manera racista los conservadores y el alto clero lo llamaban indígena traidor, culpable de provocar una guerra civil (la guerra de Reforma) en la que murieron  miles de mexicanos y culparlo de arruinar al país.

El conservadurismo  a ultranza, católico y reaccionario, siempre odió a Juárez al que le atribuyeron todo tipo de maldades contra la decente sociedad, de los que se ostentaban como dueños de México. Pero la mayoría de los mexicanos no se enteraron ni apoyaron  esa perversa campaña.

Lázaro Cárdenas tampoco se salvó de la propaganda negra de sus adversarios, lo  llamaron comunista, rojo, siervo de Moscú, y cuanto les vino en gana, pero eso no lo desvió ni en su conducta de gobernante ni en su conducta personal. Lo acusaron de ladrón, de atropellador y violador del derecho de propiedad y con  sarcasmo – sus acusadores–  repetían y repetían que regalaba  lo de otros, pero jamás lo suyo. El  trompudo groseramente le decían.

A pesar de ello, lo que dijeron de ellos es nada comparado con la ofensiva actual a la que se enfrenta López Obrador, ofensiva que ha tenido que soportar durante más de 18 años de parte de comunicadores chayoteros y de sus enemigos políticos. En su primera fase como candidato en la que se trató de evitar que llegara a la presidencia de la República y la segunda para obstaculizar su desempeño como gobernante.

Y es que a López Obrador el tiempo le ha dado la razón, todo lo que afirmaba en campaña se está comprobando: la mafia del poder no era un mito  y el principal mal de México es la corrupción, practicada por los gobiernos neoliberales durante 36 años, un periodo más largo que el del porfiriato.

Falsedades vertidas tendenciosamente en todas sus campañas políticas, le dieron una imagen distorsionada que le afectó en los procesos electorales.

Es un peligro para México dijeron, nos convertirá en otra Venezuela, es un viejito con ideas arcaicas y obsoletas, es un asesino que mató a su hermano, es un tirano y mesiánico, militó en el PRI y hasta compuso su himno, es amigo de Hugo Chávez y admirador de Venezuela, llevó a una profunda crisis al Distrito Federal cuando fue jefe de gobierno, ocultó información sobre los segundos pisos,  pero la mayor infamia fue la que le orquestó Vicente Fox que trató de impedir que apareciera en las boletas electorales de 2006, tramándole un proceso de desafuero que afortunadamente fracasó, pero sobre todo ufanarse de haber sido el autor del fraude electoral, con el que se impuso en  la presidencia a Felipe Calderón. A pesar de todas esas calumnias perversas llegó el momento en que de manera aplastante Andrés Manuel López Obrador consigue la presidencia de la república el 1º de julio de 2018, logrando mayoría además en la cámara de diputados y en la cámara de senadores.

En los primeros dos meses de su gobierno, el presidente de México, se ha movido a todo galope para transformar el orden establecido:

Respaldó una nueva ley para recortar los salarios más elevados de los funcionarios.

Tomó medidas enérgicas para cancelar la construcción de un aeropuerto costoso y parcialmente construido, en el que había intereses particulares de la élite gubernamental y su equipo cercano.

Además, en una estrategia repleta de simbolismo, el día de su toma de posesión, convirtió a los Pinos, la residencia oficial de los  presidentes desde 1936, en un complejo cultural abierto al público.

Eliminó las pensiones de los últimos cinco expresidentes, con un argumento de peso: “No podemos tener un gobierno rico y un pueblo pobre”.

Desde su toma de protesta el primero  de diciembre levantó polémica al tener como invitado a su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro, sobre todo entre la oposición panista y un grupo de intelectuales de derecha, que reprocharon su invitación.

La conformación de un nuevo cuerpo de seguridad llamado la guardia nacional, con integrantes del Ejército, la Marina y la Policía Federal, a través de una reforma constitucional despertó críticas entre sus opositores.

La muerte del senador Rafael Moreno Valle y su esposa la gobernadora Martha Erika Alonso, luego de la caída de la aeronave en la que viajaban, fue motivo de críticas hacia el presidente López Obrador, a quien quisieron culpar, no obstante que fue el primero en alertar de la tragedia que conmocionó a la clase política. Los cuestionamientos al mandatario se dieron por la postura que había tenido hacía Erika Alonso, con quien había rechazado sostener un encuentro por considerar que llegó al poder a través de un fraude al candidato de Morena, Miguel Barbosa.

El cierre de ductos como parte de un plan para combatir el robo de combustible, metió en apuros al gobierno federal en la primera quincena de enero, cuando gasolineras de estados como Jalisco, Guanajuato y la Ciudad de México comenzaron a tener desabasto de combustible, curiosamente lugares donde se comprobó que el huachicoleo era una práctica común. Práctica corrupta que provocó  perdidas  de 65, 000 millones de pesos.

El nombramiento de Alejandro Gertz Manero, como primer fiscal general de la República, también fue aprovechado por sus detractores para advertir que habría riesgos sobre la autonomía e independencia de este órgano, debido a su cercanía con el mandatario federal.

A pesar de todas las infamias y difamaciones sobre su persona y los obstáculos de la llamada mafia del poder, que día con día es exhibida, la aceptación de López Obrador es más amplia,  incluso que con la que conquistó su victoria en  votos, el presidente día con día se gana la confianza de los mexicanos, en los primeros 60 día ya tiene el respaldo de un 80%.

AMLO es incisivo, tesonero, terco y tenaz, aprovecha para gobernar bien su experiencia de 18  años navegando en contra de la corriente, AMLO tiene  ímpetu de titán.

La cuarta transformación va en serio y estoy seguro que la logrará.

Guillermo Orozco Rodríguez.- lunes 4 de enero de 2019.

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