Torreon, Coah.
Edición:
04-Mar-2024
Año
21
Número:
896
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LA RESISTENCIA SIMBÓLICA / 687


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Por:
Sin Censura
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21-01-2019
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Edición:

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POR: MIGUEL ÁNGEL SAUCEDO L.

Seguramente es muy apresurado catalogar como contrarrevolución simbólica al discurso de López Obrador que, por ser presidente, ahora tiene carácter de oficial. Sin embargo, sí puede considerarse como una resistencia cultural ante el pensamiento hegemónico. Aunque no propone ideas novedosas ante la propuesta neoliberal (tan extendida mundialmente que el sociólogo francés Pierre Bourdieu la llamó “la nueva vulgata planetaria”), si rescata de la tradición nacionalista mexicana las nociones de “bien común”, “patria” e “interés nacional” entre otras. Ello le ha servido para construir un relato de su lucha por la Cuarta Transformación en el que los mexicanos, sobre todo los más pobres, pueden sentir que tienen un rol, aunque este sea más bien modesto.

A diferencia de las profundas transformaciones construidas por los gobiernos neoliberales, desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto, ante las que los ciudadanos fuimos convidados de piedra, ahora la gente siente que son sus intereses actuales los que están siendo rescatados por un presidente que no pide aplausos sino solidaridad, aunque sea con algún comentario favorable a través de las redes sociales, o al contestar las encuestas con las que se mide el efecto de sus decisiones.

Para esto, AMLO ha tenido que redefinir conceptos. Así, huachicoleo pasó de significar simple “robo de combustible” (como lo manejó Peña Nieto, por ejemplo), a “robo con alto daño a la nación, cometido o avalado por gobiernos anteriores”. Esto le permitió poner de su lado a la mayoría de los ciudadanos, especialmente aquellos que no tienen auto, anulando o disminuyendo así el potencial daño de las protestas de una clase media acostumbrada a aparecer en las pantallas televisivas. Esos clasemedieros, que además saben magnificar la expresión de su enojo a través de las redes sociales de las que han hecho su espacio favorito de expresión, se quedaron solos en su enojo. Si acaso, Vicente Fox intentó convertirse en su portavoz con resultados crecientemente ridículos.

López Obrador, por el contrario, convocó a los ciudadanos a respaldar sus medidas contra el huachicol y obtuvo un respaldo de poco más del 60 por ciento, según diversas encuestas, pero lo que resalta es que algunos comentaristas mencionan que esto significa que el individualismo y el egoísmo fueron hechos a un lado ante el llamado presidencial. Pareciera que las nociones de “interés nacional”, “justicia” y “lucha contra la corrupción” fueron entendidas por la mayoría de los ciudadanos que se negaron a atender los llamados que hicieron tipos como Vicente Fox, entre otros, al cacerolismo y a los disturbios.

Sin embargo, la participación ciudadana en este proceso es más aparente que real. Los espacios de intervención social en los asuntos de política nacional siguen confinados a la encuesta y, si acaso, a la consulta. Es necesario que la ciudadanía se familiarice con las diversas formas de movilización y, sobre todo, con la construcción de espacios para la deliberación. Aprender a tomar la palabra y, más que nada, a escuchar al otro para construir acuerdos que luego habrá que respaldar con las acciones que se consideren necesarias, es vital para defender un proceso de cambios  sin los cuales el país quedará igual o peor dentro de seis años. Construir nuevos símbolos de poder social como las organizaciones de barrio, de mujeres, de productores, de consumidores en fin, organismos que aglutinen las más diversas expresiones de ciudadanía, es el camino a seguir  para que las transformaciones sean irreversibles, evitando así que  el próximo sexenio pase lo que ahora sucede en Brasil, con Lula encarcelado por no haber organizado a aquellos a quienes mejoró sus condiciones de vida.

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